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El suelo es el límite

Cuantas veces hemos dicho o escuchado “no te preocupes
del suelo no pasas” puedo dar fe que este dicho es cierto.
En las alturas del Perú, tres amigos de buena fe estábamos
en la parte baja de la montaña planificando  la cantidad de cortes que tendríamos que  hacer en el cerro, para poder tener tres
andenes, con la idea de construir un Centro Comunal para tratar de unir a
varias poblaciones.
Con tres andenes podríamos tener, una cancha de
futbol, una cancha de vóley, un salón comunal con una amplia terraza para
eventos al aire libre y una biblioteca con el respectivo salón de estudios y  baños.
Caminábamos entre los montículos de “ichu” (pasto
del antiplano) y maleza, permanentemente comunicados por radio,  provistos de papel, lápiz y maquinas fotográficas.
Efectuábamos el recorrido  acompañado  por cuatro comuneros y tres comuneras que son
las de armas tomar. Planes por aquí, ideas por allá,  fuimos verificando la ubicación del sol y
respetando algunos arboles para estar en paz con la naturaleza.
Provistos de varios pliegos de papel de gran
formato, empezamos a poner en blanco y negro las  ideas y
los datos recogidos,  a fin de planificar
la ubicación de cada modulo, para ello seria fundamental respetar los consejos
de los comuneros, llegando todos juntos a los que nos parecía el diseño y distribución
ideal del futuro centro comunal.
Todo dicho y dibujado, con risas y abrazos nos
despedimos. Emprendiendo el retorno a  casa, bajando con sumo cuidado por respeto a
los años que llevamos encima, cuando después de largos años vuelvo a dar “un
mal paso”.  Y surcando los aires
literalmente… volé, después  de varias
piruetas dignas de acróbata de circo,  por
fin pude llegar al suelo, les puedo asegurar que de allí no pase.
Jimmy, me rompí el alma grite lleno de dolor, el
zapato con mi pie dentro miraba para la izquierda y mi pierna para la derecha.
En cuestión de segundos aparecieron innumerables personas
para auxiliarme, a uno de ellos le dije: Sácame el zapato y la media, ahora
jala fuerte, el hombre con miedo no se atrevía hasta que solté un carajo y
grite con fuerza wo…..n. Sentí un sonido seco y pude ver mi pierna por fin alineada
nuevamente con mi pie.
Una mamacha con todo cariño y cuidado me vendo el
pie, me pusieron un poncho en el suelo para que estuviera más cómodo y uno de
los comuneros se instaló de tal forma que yo podía apoyar mi espalda en sus piernas,
para esperar en medio del dolor y el calor humano a mis amigos que vendrían a
rescatarme para evacuarme en la camioneta hacia Caraz.  Cuarenta y cinco largos minutos  de camino por una trocha me separarían del
centro de salud mas cercano, en cada salto me dolía hasta el apellido y mis
pecados se iban perdonando.
Al llegar al Hospital las bromas no dejaron de
estar presente, cuando la señorita presurosa pregunto por mi nombre, uno de mis
amigos le respondería atentamente: no se preocupe señorita  en el certificado de defunción ponga “NN”
solamente. La broma nunca mas oportuna seria mi pasaporte para ingresar directa
y rápidamente a la sección radiográfica, lugar donde una nueva señorita nos recibiría
con otra interrogante: para una placa nos preguntaría, si le contestaron…..pero
de mármol. Risas nuevamente por todos lados, mientras yo muerto de dolor pedía
una inyección a gritos, a lo que se negaría inmediatamente el doctor, imposible
me diría, usted es hipertenso, tiene la presión elevada y estamos a 2,300
metros sobre el nivel del mar.
Una vez enyesado y cancelada la cuenta empezaríamos
ahora si el regreso a la casa,  permitiéndome
mis amigos tomarme un par de copas de pisco para poder resistir el zarandeo de
regreso.
Con muletas hechas con troncos de eucaliptos a mi
medida, espere dos días para calmar los nervios y aguardar un poco que baje la hinchazón
y el dolor de todo el cuerpo, para luego emprender el retorno de nueve horas a
Lima.
Solo el recibimiento de mi mujer y mis hijas que
no sabían nada, pusieron la parte roja y sabrosa al cuento, las reprimendas a
veces puede ser mas intensas que rodar cuesta abajo por las faldas de un nevado
de la hermosa ciudad de Huaraz.
Nevado Santa Cruz – Caraz- Ancash- Perú
Y qué…la misma vaina 
D

4 thoughts on “El suelo es el límite

  1. Anónimo dice:

    Felizmente ya está mejor. Cuídese mucho.
    Macarena

  2. Leslie dice:

    Espero que siga la mejoria…nosotros vivimos en Huaraz muchos años y recorrimos Caraz y Carhuaz varias veces…y gracias a Mónica…ahora puedo leer su blog…a cuidarse mucho

  3. Anónimo dice:

    Mopri, que pena lo que le pasó, pero que bueno que ya está mejor!!!!!!!Solo queda tener paciencia y buen humor!!!muchos cariños para todos y un fuerte abrazo….

  4. Anónimo dice:

    Mopri, me olvidé poner minombre, jaja..soy Ceci

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