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Todo por una empanada

Sentado en mi sofá, vi venir a mi esposa, bella y glamorosa, toda ella. Le dije “¿mi amor nos tomamos un traguito con unas empanaditas?” NO, estás gordo, no puedes comer empanadas. Se alejó como una leona de la selva encantada.
Tranquilo, pero pensativo, seguía en mi sofá, cuando apareció mi hija la mayor. Cuarenta y cinco años, madre de tres hijos y un solo marido. La miré y le dije: “¿mi vida nos tomamos un pisquito con su empanaditas?” NO, ya te ha dicho mi mamá que estás gordo. Se alejó igual que su madre, como una leona rabiosa.
Yo me levanté del sofá, me olvidé de la conversión y dejé que la tentación del placer por el gusto me llevara de la mano por el camino que ella quisiera.
Terminé en la pastelería. Pedí cuatro empanadas clásicas, cuatro sanguches triples, cuatro butifarras y cuatro alfajores.
Cuando estaba en la caja pagando, la pastelería se llenó de gritos, saltos. Jovencitas corriendo de un lugar a otro, se jalaban los pelos, se tiraban al suelo. Las señoras saltaban mientras gritaban. Había llegado un famoso artista de la televisión a la pastelería.
Había una transmisión en vivo del acontecimiento, yo en una esquina sonriendo, observaba el espectáculo.
Al llegar a la casa, se armó la grande, me habían visto en la televisión con mi bolsita de empanadas en la mano.
Después de que la leona y su hija la leoncita me quitaron mi bolsita, bajo el pretexto “estás gordo”, se comieron todo y me dejaron solo sentado en el sofá.
Y todo comenzó, por una empanada.
Y qué…la misma vaina
D

One thought on “Todo por una empanada

  1. monica dice:

    Jaaaajaaajaaaa pobrecitoo

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