Cuando en el café estaba sentado mirando a la puerta de entrada, veo que ingresa un señora (la verdad es que la tía estaba fuerte), se sentó en una mesa cerca de donde mis amigos y yo estábamos sentados.
Afiné el oído y pidió un café con leche y un mixto caliente, luego adoptó una posición conocida de problemas, los dos codos en la mesa y las dos palmas de las manos juntas, con la nariz al centro y los ojos cerrados..
Con la experiencia que tengo, solo habían dos posibilidades; estaba orando o estaba llorando. Me quede mirándola con mucha discreción para no pasar por viejo verde.
Cuando le trajeron su pedido, al primer sorbo de café…echó el llanto. Se me partió el corazón, escuchar llorar a una mujer y tratando de que nadie se de cuenta me levanté. Con mucha delicadeza me acerqué preguntando ¿la puedo ayudar? Me miró a los ojos y comprendí que podía sentarme, puse los codos en la mesa, las manos en la cara y dije “Señor, te pedimos perdón por nuestros errores y te damos gracias por la vida que nos das, sabemos que nos pusiste en la tierra para ser felices”
Me llamo Margarita y debo decirte que no existe ningún Dios o Señor o Protector que nos ayude, yo me casé y fui feliz con mi esposo durante 27 años, pero falleció. El fue todo para mi y yo fui todo para el, nuestra felicidad estaba protegida por el Altísimo. Hasta que nos abandonó, se enfermó y a los trece días se fue. Mi felicidad se terminó.
Tenia un hijo y en él que llené mi vida, pensando que podría llegara a ser feliz de otra manera, pero tampoco el Altísimo lo permitió. Consiguió un muy buen trabajo en la selva, venía a casa cada quince días y un día dejó de venir, se había perdido en la selva y nunca se supo nada de él.
Dime (me preguntó mi nombre) ¿tú crees que a mi me pusieron en la tierra para ser feliz? Yo, me quedé callado, asimilé todo lo dicho, mis ojos también se agüaron, no podía, ni sabia que decir.
Ella se calmó un poco, comenzó a comer y a tomar su café, yo mudo, pálido y desconcertado. Traté de empezar a articular un conversación positiva, cuando me interrumpió diciendo “ y para colmo me he quedado sin trabajo”
Solté en voz alta un “carajo, tras cuernos palos” Margarita báñate en ruda, calata y con patines. Gracias a Dios soltó una sonrisa y pudimos cambiar el tema de la conversación.
Pero su tristeza me dejó un sabor de desconsuelo al saber que existe un árbol, sólo en el desierto, sin hojas, sin frutos, pero con vida. Y una solo pregunta me hice ¿tendrá fuerza de vida?.
Gracias por la compañía, me dijo, pagó su cuenta y se fue. He llorado con verdaderas lagrimas sabiendo que la tristeza es verdadera y existe.
Y qué…me desconcertó
