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Decisión de cambio

Cuando tu cuerpo arruina tu vida

Mi padre se llamaba Carlos Alberto del Campo y mi madre Geovanna Vella, cuando me bautizaron mi nombre fue Verita del Campo Vella.
Todo fue alegría y felicidad familiar hasta que cumplí los cuatro años y me llevaron a mi primer colegio “Nido Los Angelitos” el primer día de clase note una diferencia que no me afecto, pero me sentí algo extraña, era ocho centímetros más alta que el mas alto de los chicos del nido.
Mi abuela materna era una verdadera italiana del campo, en su casa que era grande, tenía un jardín bello y en él habían gallinas, conejos y cerdos solo hasta de seis o siete meses, también habían arboles frutales, un pequeño huerto de verduras y árboles que daban un olor muy agradable, allí pase muchos momentos de alegría y juegos inolvidables. Los días que almorzábamos en su casa la mesa era una sinfonía total, verduras, chicharrón, estofados de conejo, empanadas y pastas con variadas salsas acompañadas de buenos vinos y ni comentar los postres “ italianos vero”
Al cabo de unos años ya en el primer año de secundaria era yo una muchacha espigada, alta, muy bien formada y decían que era bonita de cara y con un color amarcigada por la mezcla de mis padres, los pretendientes no me faltaban y mi popularidad era grande, además era deportista no muy buena pero con mucho animo.
En cuarto grado de secundaria, mi padre murió en un accidente aéreo que me afectó mucho emocionalmente.  Nos mudamos a la casa de la abuela no por problemas económicos sino por la tristeza de mi madre.
Yo lloré a mi padre durante mucho tiempo, mi rendimiento en el colegio cayó a cero, mi apetito y el interés por mi cuerpo se fue al diablo. Cuando se dieron cuenta de mi cambio físico me llevaron a un doctor quién diagnosticó “depresión severa”.
Vivía encerrada en mi cuarto, dejé el colegio, mi llanto era permanente, la comida era cada vez que habría la boca, primero mis caderas se ancharon, luego mis muslos se triplicaron, después mis senos pesaban cerca de tres kilos cada uno y por último mi barriga adquirió la forma de un barril. Yo era un desastre y no lo veía.
Un día mi abuela entró a la fuerza a mi cuarto con tres hombres quien portaban un gran espejo, lo colocaron en una pared, me levantaron de la cama a la fuerza me pusieron delante del espejo, me cortaron el camisón y me dejaron calata frente al espejo, me vi espantosa, me tapé los ojos, pude escuchar a uno de ellos decir que tal cerdo. Me sentaron en un banco yo era una ex persona me dejaba llevar, me raparon el cabello, me depilaron las axilas, me metieron a la ducha y con una toalla llena de jabón sentí como mi cuerpo era trajinado.
A la par de la ducha, había unas mucamas que limpiaban mi cuarto, todo a la basura, mi ropa, mis recuerdos, mi suciedad acumulada es decir mi vida.
Luego del baño, me pusieron un buzo de deportista, nada de camisón, me llevaron a la terraza desde donde podía ver a tres cerdos como comían en medio de tanta cochinada al fondo una fotografía mía antes del baño.
Según la filosofía de mi abuela a grandes problemas grandes remedios, dos días viendo este espectáculo tomé la firme decisión de cambiar.
Cuando uno toma conciencia real de cambio y decide cambiar lo logra, ha pasado casi un año, no estoy perfecta pero me siento hermosa y me quiero.
Sé que dentro de poco tiempo podré ser yo misma y podré tener una vida plena para formar mi propia familia.
Y qué…la fuerza de voluntad tiene un premio





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One thought on “Decisión de cambio

  1. Anónimo dice:

    Lo felicito buena recets

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