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Dioses y Apus

Los Incas tenían leyendas y costumbres
que han sido transmitidas en forma oral en las comunidades de la sierra del
Perú, Bolivia, Ecuador.

La  historia comienza cuando emergen de las
profundidades del Lago Titicaca  los
hijos del Dios Inti, Manco Capac y Mama Ocllo. 
Se dice que Manco Capac tenia en sus manos un vara de oro. El debía
caminar buscando el lugar indicado para fundar el Imperio Incaico.  Al llegar Cuzco fue donde la varilla de oro se
hundió en la tierra. Ese era el lugar indicado.

Allí se dio inicio a la misión de Manco
Capac que era enseñar las leyes, la religión, la agricultura y todo lo
necesario para el desarrollo. Mama Ocllo se encargaría de enseñar las labores
domésticas, tejido y todo aquello que permitiría la creación del Imperio de los
Incas.

Los incas tenían un gran respeto por la Tierra, la gran Mama Pacha
(Pachamama; Madre Tierra). Respeto que se mantiene hasta el día de hoy en
las  comunidades de la sierra donde
acostumbran a efectuar pagos a la tierra.
Los Apus, espíritus de las montañas, eran también dioses para los
incas, y al igual que la Mama Pacha, se le rinden, hasta el día de hoy, los
pagos para poder transitar o trabajar en las montañas, ríos o lagos.  
La cosmovisión del incanato permitió la trilogía inca compuesta
por el cóndor, el puma y la serpiente.
El cóndor habita en los cielos; es el
mensajero de los dioses.
El puma habita en la tierra; es
sabiduría, gobierno y algunos dicen que su figura era la utilizada para la
planificación de las ciudades.
La serpiente habita en el mundo de abajo;
el mundo de los muertos.

Esta leyenda, que se representa en la
Chacana, me cautivó por mucho tiempo, y como católico del 2017, tengo una
cercanía con los Incas del siglo XV o XVI. 
El cielo, mi Dios; la tierra, el mundo que habito con sus tentaciones; y
el infierno, mundo de los muertos.

Si bien existen muchas diferencias en el
desarrollo, lo que a esencia se refiere, tenemos las mismas bases. Su historia
y sus vivencias son tan grandes que aún no llegamos a comprenderlas o a
comprender a sus descendientes actuales.

Es por ello que el gran problema de los
peruanos actuales es la ignorancia que hemos desarrollado, un racismo idiota. Hemos
creado una cultura de separación a tal grado que llegamos a considerar que el
peor enemigo de un peruano es otro peruano.

El racismo que estamos viviendo nos lleva
a despreciar a los habitantes de la sierra, pobladores que tienen grandes
conocimientos en agricultura, en el dominio del agua, conocimientos que no se
pueden aplicar en la grandes ciudades, y por eso los tratamos con desprecio,
por su vestimenta, por su manera de hablar y los cuales calificamos de “unos
simples serranos”.

Los extranjeros que vienen a vivir a
nuestro país también caen es este racismo estúpido haciendo gala de un
desprecio a este grupo de la población del Perú.
Vienen de países adelantados en busca de
una oportunidad de vida sin saber nada de nuestra historia, de nuestros
antepasados y de nuestra cosmovisión.

Se han referido a nosotros como cholos
aguantados, indios miserables y muchos otros adjetivos que hemos soportando no
sabiendo reaccionar en el momento con la rudeza necesaria antes aquellos
insultos.

Si vienen a nuestro país, respeten
nuestra identidad, nuestras costumbre y a nuestro pueblo. Y sobre todo nuestra
cosmovisión.
Y qué…ellos también creen en el
cielo, la tierra y el mundo de los muertos

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