Te lo juro, yo la vi. No recuerdo exactamente cómo era pero yo sigo
viviendo con su recuerdo y es algo que no puedo olvidar. Existen mitos y
leyendas sobre animales, aves y personas, pero también hay realidades en
nuestras gente de la serranía alta que no se pueden ignorar.
viviendo con su recuerdo y es algo que no puedo olvidar. Existen mitos y
leyendas sobre animales, aves y personas, pero también hay realidades en
nuestras gente de la serranía alta que no se pueden ignorar.
Caminaba por la sierra de Huaraz, a unos
3.800 metros de altura, cuando en medio de esta soledad me encontré con una
pastorcilla de no más de 10 años, cuidaba un rebaño de alpacas y corderos.
3.800 metros de altura, cuando en medio de esta soledad me encontré con una
pastorcilla de no más de 10 años, cuidaba un rebaño de alpacas y corderos.
Como compañía tenía un perro y una quena
hecha de hueso de algún animal. Ella
lograba sacar de esta quena unos sonidos, que los propios dioses de la montañas
se deleitaban escuchando.
hecha de hueso de algún animal. Ella
lograba sacar de esta quena unos sonidos, que los propios dioses de la montañas
se deleitaban escuchando.
Me miró con cierto temor, ver a una
persona con barba blanca, vestido con ropa extraña, con una mochila a la
espalda, con anteojos y gorra, ella debió pensar que yo era un “MUQUI”. La
saludé con un movimiento de cabeza, me senté a cierta distancia de ella y me
fasciné con su música.
persona con barba blanca, vestido con ropa extraña, con una mochila a la
espalda, con anteojos y gorra, ella debió pensar que yo era un “MUQUI”. La
saludé con un movimiento de cabeza, me senté a cierta distancia de ella y me
fasciné con su música.
Al atardecer vi como se alejaba con su rebaño
de animales, mientras yo no solo la contemplaba sino que todo el entorno de
tierra, montañas áridas y puesta de sol, me quedaba con una sensación de
embrujo.
de animales, mientras yo no solo la contemplaba sino que todo el entorno de
tierra, montañas áridas y puesta de sol, me quedaba con una sensación de
embrujo.
Antes que anocheciera armé mi carpa y me
preparé para una noche larga y fría. La oscuridad era total. Una noche sin luna ni estrellas, nubes
negras, viento frio y soledad completa. Según mi reloj eran las 3:30 a.m.
cuando me despertó una suave voz cantando afuera de mi carpa. Sentí miedo, no
podía definir si era una voz de niño o de mujer, pero la canción era
embriagadora. Mi mente se remontó a mi juventud
y a las leyenda de las sirenas que atraían a los marineros para llevarlos al
fondo del mar donde dormirían para
siempre.
preparé para una noche larga y fría. La oscuridad era total. Una noche sin luna ni estrellas, nubes
negras, viento frio y soledad completa. Según mi reloj eran las 3:30 a.m.
cuando me despertó una suave voz cantando afuera de mi carpa. Sentí miedo, no
podía definir si era una voz de niño o de mujer, pero la canción era
embriagadora. Mi mente se remontó a mi juventud
y a las leyenda de las sirenas que atraían a los marineros para llevarlos al
fondo del mar donde dormirían para
siempre.
No salí de mi carpa hasta las 6:30 de la
mañana. El día era espectacular. El color del cielo y el sol eran toda una belleza
y una bendición que los dioses de las montañas, llamados “Apus”, me regalaban
esa mañana. Busqué de forma rápida a la persona que escuché cantar y no pude
encontrar nada ni a nadie. Tenia cierto reparo y no tenía tranquilidad, pero
aun así preparé mi comida. Tenia la sensación de estar vigilado por algo o
alguien, pero mi temor no me dejaba pensar tranquilo.
mañana. El día era espectacular. El color del cielo y el sol eran toda una belleza
y una bendición que los dioses de las montañas, llamados “Apus”, me regalaban
esa mañana. Busqué de forma rápida a la persona que escuché cantar y no pude
encontrar nada ni a nadie. Tenia cierto reparo y no tenía tranquilidad, pero
aun así preparé mi comida. Tenia la sensación de estar vigilado por algo o
alguien, pero mi temor no me dejaba pensar tranquilo.
Cuando tenía todo guardado y decidido a
seguir mi camino, llegó la pastorcilla con un señor mayor, me saludaron con
toda cortesía y me invitaron a tomar asiento sobre unas rocas, donde iniciamos
una interesante y espeluznante plática. El señor empezó diciéndome que todo el
pueblo había estado durante la noche prendiendo fogatas, bailando y bebiendo
“Catata” para que los “Apus” me protegieran de los “MUQUIS” y de las
“Chocoyas”.
seguir mi camino, llegó la pastorcilla con un señor mayor, me saludaron con
toda cortesía y me invitaron a tomar asiento sobre unas rocas, donde iniciamos
una interesante y espeluznante plática. El señor empezó diciéndome que todo el
pueblo había estado durante la noche prendiendo fogatas, bailando y bebiendo
“Catata” para que los “Apus” me protegieran de los “MUQUIS” y de las
“Chocoyas”.
Le pedí que me explicaran quiénes eran
los Muquis. Resultaron ser una especie
de hombres pequeños que vivían en las minas abandonadas y cuando las
pastorcillas se quedaban en el cerro solas, ellos las hipnotizaban para poseerlas
y luego ellas, sin saber, serían madres de las Chocoyas. Según la explicación que me dieron eran muy
parecidas a las HADAS que nosotros conocemos.
los Muquis. Resultaron ser una especie
de hombres pequeños que vivían en las minas abandonadas y cuando las
pastorcillas se quedaban en el cerro solas, ellos las hipnotizaban para poseerlas
y luego ellas, sin saber, serían madres de las Chocoyas. Según la explicación que me dieron eran muy
parecidas a las HADAS que nosotros conocemos.
Las historias eran de todo tipo, terror,
amor, bondad y ayuda a los campesinos perdidos en su camino. Decían que hace algún tiempo un campesino
viejo y solitario cultivaba sus campo con papa, pero cuando salió la flor de papa
un “Muqui” atacó el cultivo con una maldición.
El campesino lloró durante todo el día al ver perdida toda su cosecha.
Tan profundo fue su llanto que en la noche un grupo de “Chocoyas” obligaron con
sus danzas y cantos a que los “Muqui” florecieran ese campo y diera ese año su
mejor cosecha.
amor, bondad y ayuda a los campesinos perdidos en su camino. Decían que hace algún tiempo un campesino
viejo y solitario cultivaba sus campo con papa, pero cuando salió la flor de papa
un “Muqui” atacó el cultivo con una maldición.
El campesino lloró durante todo el día al ver perdida toda su cosecha.
Tan profundo fue su llanto que en la noche un grupo de “Chocoyas” obligaron con
sus danzas y cantos a que los “Muqui” florecieran ese campo y diera ese año su
mejor cosecha.
Yo les conté que en la madrugada había
escuchado un canto suave y endulzante al oído. El señor mayor, se levantó de un
solo salto, puso sus rodillas en el suelo y me hizo 12 veneraciones dando
gracias a los “Apus”.
escuchado un canto suave y endulzante al oído. El señor mayor, se levantó de un
solo salto, puso sus rodillas en el suelo y me hizo 12 veneraciones dando
gracias a los “Apus”.
La pastorcilla me explicó que las “Chocoyas”
habían escuchado el clamor del pueblo y me habían protegido toda la noche.
habían escuchado el clamor del pueblo y me habían protegido toda la noche.
Para las dos de la tarde, me invitaron un
pan duro y un poco de chicha, haciendo el pago a la “PACHAMAMA” para que yo
pudiera seguir mi camino protegido por los Dioses de las Montañas.
pan duro y un poco de chicha, haciendo el pago a la “PACHAMAMA” para que yo
pudiera seguir mi camino protegido por los Dioses de las Montañas.
Esa noche fue cuando estaba cerca al
Huascarán y dispuesto a entrar a mi carpa, yo la vi…
Huascarán y dispuesto a entrar a mi carpa, yo la vi…
Esta historia que tiene más de 30 años
recién me atrevo a contarla porque su recuerdo me da vida.
recién me atrevo a contarla porque su recuerdo me da vida.
Y qué…yo creo en las hadas
