La señora Margarita, casada con Don
Ricardo, vivían en una casa chica, pero con hermoso jardín en el cual había un
árbol con unos cien años de vida.
Ricardo, vivían en una casa chica, pero con hermoso jardín en el cual había un
árbol con unos cien años de vida.
Un buen día, Don Ricardo se apareció con
una maleta, no una maleta moderna sino una de las antiguas, la instaló en una
mesa y durante días la observó, le pasaba una franela para que esté limpia,
Doña Margarita le preguntaba que haces, tranquila ya verás, espera un poco,
todo tiene su tiempo.
una maleta, no una maleta moderna sino una de las antiguas, la instaló en una
mesa y durante días la observó, le pasaba una franela para que esté limpia,
Doña Margarita le preguntaba que haces, tranquila ya verás, espera un poco,
todo tiene su tiempo.
Don Ricardo, no era una persona de
dinero, tampoco era de fama nacional, pero en la ciudad gozaba de un cariño
especial, siempre dispuesto a ayudar, a dar un consejo y dinero si era posible.
dinero, tampoco era de fama nacional, pero en la ciudad gozaba de un cariño
especial, siempre dispuesto a ayudar, a dar un consejo y dinero si era posible.
Me contaba Doña Margarita, que su esposo
siguió observando la maleta, hasta que un día la llevó al jardín y la colocó junto
al árbol, todas las mañanas antes de irse a trabajar Don Ricardo se acercaba a
la maleta, la abría, metía la mano sacaba un puñado de algo y se lo echaba al
bolsillo, a la cabeza, se frotaba las manos, a los pies, en fin por todo el
cuerpo.
siguió observando la maleta, hasta que un día la llevó al jardín y la colocó junto
al árbol, todas las mañanas antes de irse a trabajar Don Ricardo se acercaba a
la maleta, la abría, metía la mano sacaba un puñado de algo y se lo echaba al
bolsillo, a la cabeza, se frotaba las manos, a los pies, en fin por todo el
cuerpo.
Un día de primavera la curiosidad pudo
mas que la razón y Doña Margarita se acercó al árbol, abrió la maleta y se dio
con la sorpresa que no había nada de nada en el interior.
mas que la razón y Doña Margarita se acercó al árbol, abrió la maleta y se dio
con la sorpresa que no había nada de nada en el interior.
Esperó la llegada de su marido, sentados los dos en la mesa tomando un café,
ella le preguntó ¿qué hay en la maleta?, ¡yo me acerqué en la mañana y no había
nada!. Don Ricardo sonrió y le dijo a su esposa, esa maleta esta llena de
felicidad y yo todas la mañanas saco un puñado de felicidad para repartirlo
durante el día.
ella le preguntó ¿qué hay en la maleta?, ¡yo me acerqué en la mañana y no había
nada!. Don Ricardo sonrió y le dijo a su esposa, esa maleta esta llena de
felicidad y yo todas la mañanas saco un puñado de felicidad para repartirlo
durante el día.
Esto fue lo que me contó Doña Margarita y
durante años cada vez que la visitaba, me contaba el mismo cuento, su marido
“reparte felicidad” y la tiene guardada en la maleta. El tiempo pasa y cobra su
peaje, Don Ricardo cumplió su tiempo en este mundo. Se cumplió su deseo y sus
cenizas fueron echadas entre la maleta y el árbol.
durante años cada vez que la visitaba, me contaba el mismo cuento, su marido
“reparte felicidad” y la tiene guardada en la maleta. El tiempo pasa y cobra su
peaje, Don Ricardo cumplió su tiempo en este mundo. Se cumplió su deseo y sus
cenizas fueron echadas entre la maleta y el árbol.
Después de mucho tiempo me llamó Doña
Margarita para que la visite, dándome día y hora fija. Llegué puntual a la cita
y estaba ella sentada a la mesa con dos señores de saco y corbata. Señora, y
este placer a que se debe? Pregunte! Antes de hablar, pasa al jardín y mira el
árbol, me dijo.
Margarita para que la visite, dándome día y hora fija. Llegué puntual a la cita
y estaba ella sentada a la mesa con dos señores de saco y corbata. Señora, y
este placer a que se debe? Pregunte! Antes de hablar, pasa al jardín y mira el
árbol, me dijo.
Cuando vi el espectáculo no lo podía
creer, al árbol había crecido y tenía a la maleta entre su tronco, era una cosa
vieja, con huecos pero con un brillo especial. Me acerqué al árbol y juro que
pude escuchar a Don Ricardo decir “llévate un poco de felicidad”. Regresé a la
mesa, me senté delante de la señora que me dijo, estás muy blanco, ya te diste
cuenta. Pero te he llamado para………..esa es otra historia.
creer, al árbol había crecido y tenía a la maleta entre su tronco, era una cosa
vieja, con huecos pero con un brillo especial. Me acerqué al árbol y juro que
pude escuchar a Don Ricardo decir “llévate un poco de felicidad”. Regresé a la
mesa, me senté delante de la señora que me dijo, estás muy blanco, ya te diste
cuenta. Pero te he llamado para………..esa es otra historia.
