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Siempre hay vida

Nosotros tenemos la suerte y la bendición
de vivir a tres minutos del Océano Pacifico, el Perú tiene cerca de dos mil
quinientos kilómetros de costa y Lima la capital, está en la costa.

Así que el día de hoy decidí tomarme el
día libre y me fui a la playa, serian cerca de las ocho de la mañana cuando
tomé rumbo al mar.

Al llegar, me acomodé en una poltrona,
debajo de una sombrilla, puse mi maletín donde estaba mi teléfono, mi música,
mis lentes, mi periódico, al costado mío, me puse a observar el mar, la arena,
los barcos de pescadores que salían a la faena y los barco privado que salían a
navegar.

Pensando en nada, osea en la inmortalidad
del mosquito, me di cuenta que la arena estaba llena de huellas, pero sin vida.
Me dije, esto si es nada de nada, por aquí paso el hombre y solo dejó su rastro
en la arena.

Pero me llamó la atención un hueco en la
arena. Como yo estaba en plan de observador de la naturaleza, me di el tiempo
de mirar y mirar dicho hueco.


Al poco tiempo salió del hueco, un
cangrejo, completamente mimetizado con su entorno, solo se apreciaban sus ojos,
dos puntos negros.




Lo que dió motivo para profundizar mi
reflexión sobre la vida, me enredé en mi filosofía marítima matinal, mis pensamientos
se disparaban por todos lados y sobre todos los temas.


Pero mis pensamientos se centraron  en la vida, al inicio no se ve nada, pero siempre
hay vida. Respétala.






Y qué…cada uno marca su futuro

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