Mi mujer y mis amigos me dicen que tengo “ají en el poto” que ando de
un lado a otro…ya mucho viaje…mucho viaje.
un lado a otro…ya mucho viaje…mucho viaje.
Pero en este último viaje me encontré con reflexiones muy interesantes
de un viejo agricultor. Nos fuimos tres amigos a la parte alta de Caraz, donde
estuvimos cuatro días después de nueve horas de viaje en carro.
de un viejo agricultor. Nos fuimos tres amigos a la parte alta de Caraz, donde
estuvimos cuatro días después de nueve horas de viaje en carro.
Al segundo día, caminando por el valle a dos mil trecientos metros de
altura, con un sol maravilloso, aire puro y un verde limpio, me encontré con un
burro viejo pastando, al detenerme a observarlo escuche una voz que decía
“burro viejo cansado… pero vivo” al volver la cabeza vi a un hombre mayor, de
rostro arrugado con un sombrero de paño marrón calado, ojos tristes y una
sonrisa franca pero en una boca desdentada. Le estiré la mano diciendo ¡buenos
días! Me contestó dándome la mano, me llamo Jorge. Su mano era fuerte, con callos de trabajo y
arrugas de edad.
altura, con un sol maravilloso, aire puro y un verde limpio, me encontré con un
burro viejo pastando, al detenerme a observarlo escuche una voz que decía
“burro viejo cansado… pero vivo” al volver la cabeza vi a un hombre mayor, de
rostro arrugado con un sombrero de paño marrón calado, ojos tristes y una
sonrisa franca pero en una boca desdentada. Le estiré la mano diciendo ¡buenos
días! Me contestó dándome la mano, me llamo Jorge. Su mano era fuerte, con callos de trabajo y
arrugas de edad.
Después de presentarse dijo “para conocer a una persona debes saber cómo
llamarla”, ante lo cual le dije Javier y siguió con su reflexión. “Si no podemos llamar a alguien por su nombre,
nunca lo llegaremos a conocer. DIOS
conoce el nombre de cada uno de los seres que habitan en la tierra, por eso
sabe cuáles son sus dones y perdones, no crea usted Javier que porque no lo ve,
no existe”.
llamarla”, ante lo cual le dije Javier y siguió con su reflexión. “Si no podemos llamar a alguien por su nombre,
nunca lo llegaremos a conocer. DIOS
conoce el nombre de cada uno de los seres que habitan en la tierra, por eso
sabe cuáles son sus dones y perdones, no crea usted Javier que porque no lo ve,
no existe”.
Tiene usted tiempo? me preguntó.
Sí, le contesté. Entonces tome
usted asiento. Me señaló una piedra y me
invitó una taza de latón llena de agua.
Sí, le contesté. Entonces tome
usted asiento. Me señaló una piedra y me
invitó una taza de latón llena de agua.
Me acomodé lo mejor que pude, pues ya sabía que serían para largo las
reflexiones que escucharía aquel día.
reflexiones que escucharía aquel día.
Y qué…siempre se aprende algo nuevo
