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La mañana del lunes

Después de un descanso de dos días, volver a empezar no es
nada atractivo, según mi abuelita, una sabia viejita, sostenía que: No hay nada
más agradable que descansar, después del descanso.

Esa sabia frase, es la que permite que encontremos la paz
que todos buscamos, para vivir en armonía con uno mismo.

Que bonito suena así escrito, pero que dura es la realidad
con decir que nuestras esposas con el tiempo lograron cambiar nuestra personalidad,
después de muchos años ellas han logrado quitarnos la independencia del
pensamiento. Por eso los maridos vivimos en un caos de personalidad y nunca
podemos hacer las cosas bien para ellas. Pero las otras que bien nos tratan.

Yo estoy seguro que aquel compositor de canciones que escribió
“permíteme compararme con el cielo y a ti te corresponder ser el mar” era un
marido como nosotros, un oprimido, un pisado, un saco largo. Y (no olvidar
nunca) esa es la imagen que debemos reflejar para que la mujer no fastidie, consideremos
que  debemos ser cautos, sagaces, inteligentes,
con vista de halcón, para mirar, volar y matar en silencio.

Seguir proyectando para la felicidad conyugal, la imagen del
varón domado, ojo solo la imagen.

 

Y qué…todos no somos santos  

 

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