Estamos en días de primavera en que el sol no brilla, con un clima que esta más rayado que cebra africana, pero por tener cuatro días feriados, gracias a una reunión de árabes en Lima, salí cerca de las nueve de la mañana a caminar un rato.
Mi caminata fue interrumpida cuando al pasar cerca de la Iglesia me encontré con mi discípulo:
Profesor…profesor, su amigo Juan esta de luto
.- Buenos días, antes que nada. No sabe usted saludar
.- Buenos y alegres días profesor, a su amigo Juan se le murió la vaina
.- ¿qué Juan?
.- El que vive al final de la calle de su casa
.- Ya…ya, ¿qué se le murió?
.- Lo vi salir de la iglesia acompañado de su esposa, el vestía de negro, pero todo de negro, profesor
.- ¿Y ella?
.- Ella, hermosa como siempre, profesor, pero no lloraba, su amigo Juan, él si y además estaba con cara muy rara, todo de negro y lentes oscuros
.- Lo saludé y le pregunté ¿señor Juan, que pasó?
.- Hola hijo…buenos días, me dijo, se me murió la vaina esa ¡tu sabes! Y la esposa me sonrió media rara, con cara de yo no sé que paso, pero lo acompaño en su dolor.
Ante esta tan mala noticia, fui a la casa de Juan a buscarlo, toqué el timbre de la casa, la chica de servicio me abrió la puerta, me hizo pasar y regresó con una taza de café con galletitas, diciéndome ¡el señor Juan ya baja!
Me imaginé toda clase de problemas, excepto la muerte de su esposa, me quedé pensando en las huevas del gallo ruso y tomando mi café, mientras Juan bajaba.
Después de cruzar unos abrazos y verlo vestido todo de negro, con lentes oscuros, le pregunté ¿qué pasó, mi hermano?
Mi querido amigo, se murió, me acompañó todos mis días, en los buenos y malos momentos, siempre estaba conmigo y hacia uso de ella en cualquier momento, “pero se fue”. Estoy tranquilo, porque ya fui a misa por ella, mi esposa está en común acuerdo “que ya murió, falleció, se fue” ¿qué más te puedo decir? Éramos el uno para el otro.
Juan, tu sabes que te estimo y te quiero mucho, nuestra amistad data de mucho tiempo atrás, me puedes hablar claro y decirme ¿qué se te murió?
“La imaginación, mi querido amigo… si ella ¡la imaginación! la que me ayudaba a ganarme la vida, ella se murió, se fue, falleció” se abrazó de mi y se puso a llorar.
¿Y para que están los amigos? Yo también me puse a llorar.
Y qué…la misma vaina
