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Ricardo sin corazón de león

Al café llegó nuestro
gran amigo Ricardo, quien se quedo viudo con dos hijos de diez y doce años,  y su vida la dedico a trabajar,  a criar a estos dos angelitos, nunca arreglo
su vida sentimental, puso a sus hijos primero.
 
Cuando se acercó a
nosotros estaba como diablo en botella, aderezado con ají rocoto. Su hijo mayor
estaba con un problema judicial ya que le había ofrecido a una chica matrimonio
y no solo eso, le prometió la recepción en París (Francia) luna de miel por el
oriente y viaje de paseo para ver animales al África.
 
Un de los viejos habitués,
se rio con muchas ganas y le dijo: No te preocupes, yo tengo la solución, te
presentó a Lucho apodado “el baby” después ya veras que la chica se olvida de
tu hijo y del juicio.
 
Varios preguntaron
¿qué Lucho? El que tiene un Audi, si ese y también tiene una cuatro por cuatro,
el mismo, él es el Baby, aunque hay otras chicas que lo llaman “My Darling” “Mi
pichón” y hasta el famoso negro colirio le tiene respeto y estima.
 
Pues, Lucho acompaño a
Ricardo a la audiencia preliminar, todo término como la Torre de Babel y sin la
presentación del expediente y con el hijo de Ricardo completamente libre.
 
¿Qué pasó? Lucho miró
primero a la acusadora, ella vio en los ojos de Lucho, una mirada penetrante y
un hermoso paisaje marino con arboles cocoteros, arena blanca y un mar cristalino
 donde reposaba Lucho. En forma  inmediata
la acusadora se dirigió a la jueza y le dijo que el hijo de Ricardo era
una nada y lo eximia de todo.
Luego Lucho con mucho
cuidado y mañosería miró a la jueza, quien vio en él a su “baby.” Que ternura,
era como un peluche, no contuvo su impulso la jueza, rompió todos los papeles ,
se acercó a Lucho para apachurrarlo y mecerlo entre su brazos.
Cuando Lucho logró
recuperar el aplomo, miró en forma cautivadora a la fiscal, quien al recibir la
flecha en la mirada del seductor, solo le pidió “por favor, con respeto soy
casada” a lo que Lucho contesto con un beso en la mano, mi teléfono para cuando
usted mande.
 
Que envidia tengo de
Lucho, tengo tanta envidia, que yo también creo que podría jugar a las ¡Barbie”
con las tía como juega él.
 
 
Y qué…la misma vaina

 

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