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Todos tenemos algo de piratas

Contra todas mis costumbres buena o malas el día
de hoy me levante muy temprano y cuando dijo me levante, es que a las seis de
la mañana ya estaba bañado, afeitado con el yeso bien acomodado en el pantalón,
perfumado y una mala intención en mi mente.
Pongámonos en el lugar, tengo una pierna
enyesada desde hace treinta días, mi mujer piensa que soy un inválido, mi hija
piensa que estoy viejo, disminuido y que no puedo valerme por mi solo que todo
me lo tiene que hacer.
En este entorno familiar que debe prolongarse todavía
por cerca de un mes más, el ambiente esta caldeado, los ánimos alterados y bien
sazonados, yo siento que ya no soy yo.
Ante este panorama me dije: mis pelos ya pintan
canas al igual que mi barba, nunca hablo mal de mis mujeres, respeto su
caprichos, soy un hombre que siempre soy dejado por las mujeres con lagrimas en
los ojos y el alma hecha pedazo, pero nunca reprocho nada. Soy el que considero
que el único camino para vivir en paz con las mujeres es “adorarlas” pero sé
que necesito un cambio.
Que si quiero ver el mar, debo verlo ahora, que
si quiero dar un beso debo darlo ahora, pero el cambio debe ser ya.

Hecha esta reflexión, salí de mi casa solo con
mis muletas y sin teléfono celular, tomé un taxi  a las diez y media de la mañana, le pedí que
me llevara a una famosa cantina ubicada a hora y media de distancia de mi casa,
la cantina es muy antigua, bohemia y típica peruana.

Al llegar un mozo me ayudó a acomodarme , le pedí
que por favor me traiga una botella de pisco, una botella de litro y medio de
gaseosa, una empanada, un sanguche de jamón del país con su cebollita más por
el momento.
Luego observe el panorama, éramos pocos los
parroquianos, había un fondo musical criollo que es de mi agrado y al costado
mio un ventanal con vista a la avenida. Todo lo necesario para poder meditar y
pensar en que todos los hombres tenemos algo de piratas. Lo que significa que
hacemos las cosas que queremos de forma inmediata, como sea, a nuestro antojo, pero
la hacemos.
Tomé la precaución de escribir en una
servilleta mi nombre, la dirección y  el teléfono
de la casa, llamé al mozo y lo instruí: cuando yo te lo pida por favor llamas a
un taxi y le dices que me lleve a esta dirección que allá le pagarán, luego
llamas y avisas que un taxi me esta llevando. Entendido, con una buena propina
es fácil entender cualquier cosa.
Me serví mi primer trago y a la empanada le metí
diente, que agradable no pensar en nada, mirar por la ventana y escuchar música
“esto es la gloria pensé” debía haberlo hecho hace mucho tiempo. En medio de
mis elucubraciones y filosóficos pensamientos, un hombre de mi edad se paro
frente a mi y me dijo: lo puedo acompañar yo también estoy solo, les serví un
buen taco de pisco solo le estire la mano y le dije mi nombre, Carlos me respondió,
tomo asiento y pidió una botella de pisco, una papa rellena con poca cebolla y
sangrecita.
Debemos haber estado cerca de dos horas sin
decir palabra, pero si bien comidos y bebidos, después comenzamos a hablar de
nuestras vidas, para llegar a la conclusión que ser pirata es un honor.
Cuando considere que ya era la hora de irme,
pedí la cuenta. Carlos intervino y dijo, cuentas separadas. Al mozo le pedí que
llamara a un taxi y avisara a mi casa, sabía que de esa forma los griteríos serian
menores, al llegar a la casa divise a mi mujer con su cartera en la mano, yo no
vi, no mire, no hable y no explique nada de nada. Me sentía “un pirata devuelta
a su barco”
Subí a mi habitación me senté en mi sillón y
allí me quede dormido, con el pensamientos clásico de “mañana será otra día”.
Y qué…la misma vaina
D

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