Esperando en el semáforo el cambio de luz, vi a un muchacho que saltaba y gritaba. Yo con las ventanas cerradas, el aire acondicionado y la música, si no es por los saltos, no me doy cuenta, al bajar la ventana el muchacho gritaba TÏO…TIO y ese era yo.
Me estacioné un poco más adelante y Cesar Antonio subió al auto. ¿Dónde vas?
Gracias tío, estoy aguja y tengo que ir una entrevista de chamba, por eso estoy a la pilcha.
Traducido: no tengo plata ni para la combi y si tú no me llevas no llego a la entrevista.
Lo llevé hasta el edificio de la empresa, lo dejé en la puerta, le di algo de plata y le dije ¡me visitas después de la entrevista!
Como a las dos horas se apareció en la oficina Cesar Antonio, sin corbata, el saco en los brazos y alborotando el gallinero con sus coqueteos a las secretarias.
Al verlo le pregunté ¿y como fue? Ya tío empiezo el lunes.
¿Y cuando sientas cabeza?
Tío, no se puede, las mujeres y sin ofender lo digo, todas tienen un algo especial, se me hace muy difícil decidirme y tu sabes tío que el matrimonio es para ser fiel, sino, no me caso.
Me sorprendes y te felicito por esa idea, pero ¿con quien sales?
Abrió su teléfono que también es cámara de foto, archivador de direcciones, álbum de fotos, cocina, refrigerador y no sé que tanto chiches más tiene. Cuando me enseñó las fotos, le pedí con todo respeto que hablara de abundancia ante la escases.
No – tío- por favor te las envío a tu correo al toque, pero solo las favoritas, alguna de ellas será tu sobrina este año.
Me dio un beso y se despidió, llamé a mi hermana y solo le dije: tu hijo no es un problema, son dos problemas. Nos reímos un buen rato y esperamos que las oraciones de mi hermana a San Pedro den resultado.
Y qué…la misma vaina
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