La visión de un Arco Iris le quitó la tranquilidad al sueño y al descanso del guardián de la casa, que queda en las alturas de la sierra.
En el mes de diciembre estuvimos juntos y todo era normal. Después de pasar unos lindos y tranquilos días regresamos a Lima.
La temporada de lluvias fue tremenda con corte de carreteras y caídas de cerros (huaicos). Y después de seis meses hemos podido regresar a Huaripampa en las alturas de Caraz.
Al llegar a la casa hicimos una revisión total y felizmente no había sufrido daño alguno. En lo que se relaciona con las personas de la zona, la alegría de vernos con el guardián y los comuneros, motivó abrazos, bromas, risas y alegría que son inexpresables en blanco y negro.
Una reunión general alrededor de una mesa con buenas presas de carne, cuy, conejos, papas, verduras, sopas de la zona y buenos tragos, bajo un espléndido sol, nos permitió una buena conversación y enterarnos de todas las novedades de la comarca.
En forma disimulada el guardián se acercó a mí y me dijo “jefe, después le enseño algo interesante”.
Como soy curioso y me pica el chisme, puse interés en poder hablar lo más pronto posible con él.
Le pregunté sobre los injertos de los manzanos que habíamos hecho y mantuve una conversación completamente banal con él.
Al atardecer cerca de las seis y con mucho frío caminando entre los paltos le pregunté que era lo que me quería enseñar.
Me señaló la catarata más grande todas y me comentó que allí en la época de lluvia salía un arco iris hacia el cerro pero se cortaba a la mitad.
Pregunté ¿cómo es el arco iris? ¿Había algo más?
De colores intensos me dijo, pero muy bonito, muy bonito. Lo hemos visto con mi mujer y mis hijos.
¿Cuánto tiempo duró el arco iris?
Bastante… salía de allí, era muy ancho y me enseñaba el lugar apuntando con el dedo. Era la parte más baja de la catarata.
Me quedé un buen rato en silencio sin saber que decir, mis pensamientos eran confusos. No sabía si reír o llorar, si gritar o irme sin hacer caso.
Al final opté por decirle “mañana terminamos esta conversación”, momento en que apareció su esposa y me dijo que ella también había visto el arco iris y que nunca pero nunca había visto unos colores tan bonitos. Parecían colores del cielo.
A la mañana siguiente me reuní con la señora y su esposo y directamente les pregunté si algún duende tenía que ver con este arco iris.
Me contestaron “no, solo salió el arco iris”.
El marido enfatizó que no había ningún duende y que nadie los había molestado. La mujer excitada repetía “no, no, solo fue el arco iris más bonito que he visto en mi vida.
Me quedé callado bailando sobre mis pies y les dije “de todas maneras, la próxima temporada de lluvias estaré por aquí para poder ver yo esa belleza que me cuentan”; vamos a tomar desayuno“.
¿Podré ver el arco iris y el duende? ¿O solo será parte de su cosmovisión y no de la mía?
Y qué… la misma vaina
