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Ojalá pueda ver al duende

Hace como cuatro años, en medio de la construcción de una casa en las montañas de las alturas del país, cerca de una comunidad andina, respetando sus costumbres y materiales de construcción, pedimos permiso a la “pachamama” (la madre tierra) para empezar nuestro trabajo.
En la parte ornamental, nos pareció muy adecuado hacer unas cataratas de agua, aprovechando el agua de una canaleta secundaria, que corría en los límites de la propiedad. Usaríamos agua para nuestra decoración y luego devolveríamos el agua a su cauce normal.
A la tarea nos avocamos, y decidimos usar la inclinación propia del terreno, para plasmar nuestra extraordinaria idea. ¿Sería cierto que funcionaría, esa era nuestra constante pregunta?
En la primera caída de agua, la fuerza de ésta perforaba el suelo por lo que fui a buscar una piedra grande y adecuada para amortiguar el golpe del agua.
Al día siguiente notamos que un lado del terreno había sido socavado por el agua. Corregimos ese problemilla con piedras sobrepuestas para dejar lista la primera catarata y luego seguir observando el recorrido natural del agua y así poder ir dibujando en la tierra nuestra idea y continuar la construcción de las otras dos cataratas que nos faltaban, hasta lograr tener la visión completa de las tres cataratas y el recorrido final del agua.
Hasta ese punto todo era normal, sin dificultades que pudieran impedir plasmar nuestra nueva profesión de decoradores de agua.
Al cuarto o quinto día, el guardián de la obra me contó la historia del “duende” que estaba viviendo en la base de la primera cascada. Para ser sincero, no entendí bien la historia ya que era contada mitad en quechua (que desgraciadamente no entiendo) y mitad en castellano.
Me tomé el tiempo y la disposición para escucharlo a la perfección. Nos sentamos en una mesa con dos tazas de café, una botella de pisco y algo de galletas. Le pedí que me contara con mucha calma la historia del duende. Ya sentados le pregunté ¿el duende tiene nombre? No patrón, me contestó.
Bueno, le pregunté, cómo sabes que vive allí?
Siento su presencia cuando por allí camino y en la noche me hace soñar con una gringa que me quiere llevar al fondo de un pozo. Como yo peleo con ella, me hace picar todo el cuerpo.
Otras veces, la gringa quiere meterse a mi cama y botar a mi mujer. Yo peleo con ella y transpiro todo, tengo que cambiarme de camisa en medio de la noche y allí escucho su risa.
Cuando salgo, el duende, se esconde en la catarata y por un ratito brilla una luz de color azul.
¿Has visto acaso su porquería o su suciedad en algún momento?
Si contestó, en la mañana a primera hora, pero se evapora y no lo puedo recoger pero el agua se vuelve calma cuando el duende entra en la catarata.
No sé por qué le tengo miedo y no quiero que se meta con mi familia.
Al terminar el café y media botella de pisco, le pedí permiso para ir a la catarata esa noche para hacer una oración, según mi religión.
Estuvo completamente de acuerdo y en la noche cerca de las diez, lo fui a buscar para encaminarnos a la catarata.
Al llegar, recé en voz alta un Ave María y un Padre Nuestro.
Le pedí permiso al duende diciéndole que tenía que mover unas piedras para evitar que el agua se desperdiciara, que comprendiera, que lo hacía en honor y beneficio de la agricultura.
También le pedí permiso a la “pachamama” para trabajar de noche y su bendición para el buen resultado.
Terminé el trabajo, lavándome las manos y la cara con el agua de la catarata y rezando junto con el guardián una oración. Luego nos fuimos a dormir contentos, bromeando y con una sonrisa en los labios.
Al día siguiente, a las seis de la mañana, nos encontramos tomando desayuno y le pregunté ¿cómo dormiste?
Jefe, me contestó hace muchos años no duermo tan bien, gracias por su ayuda.
Dos cosmovisiones diferentes y un solo resultado, la felicidad de las personas
Y qué… la misma vaina

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One thought on “Ojalá pueda ver al duende

  1. Anónimo dice:

    He vivido largos años en la sierra y se que los duendes, los pistacos y demas personajes toman vida en su cultura.
    Me gusta que usted la respete y no se burle, por eso lo admiro.

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