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El “Caballero Azul”

Seas hombre o mujer, joven o viejo, infiel o casto, malcriada o serena, stripper de velorio o de la tercera edad, tienes que recibir con mucha imaginación al  “Caballero Azul”.

Cuando veas en la puerta de tu casa al famoso e inspirante “Caballero Azul”, sal a recibirlo con alegría, porque cuando él visita una casa la llena de bondades.
La historia se remonta a principios del siglo XIV. 
En una aldea no muy lejana vivía una familia dueña de muchas tierras.  La hija, una damisela no muy agraciada, pero con muchos atractivos, por ser ella la única heredera, fue tentada por un “Caballero Errante”, el cual le ofreció matrimonio y vida de reina.
El guapo caballero después de obtener todo lo que cualquier hombre quiere, incluso a costo de mentiras, dejó a la damisela abandonada con cuatro meses de embarazo.
La desvalida damisela, ahora futura madre,  lloraba en la ventana de su casa con tristeza y decepción por haber sido utilizada por el guapo “Caballero Errante”.
Es en esta época, años más, años menos, por el mundo vagaba el desconocido “Caballero Azul”, con la misión de llenar de bondad y alegría a las personas en sufrimiento.
Nadie en la comarca sabía de este caballero, pero por donde pasaba todo se tornaba florido, lleno de alegría y esperanza.
Una anciana sentada a la puerta de su casa, reconoció con mucha excitación a este hombre maravilloso, se echó delante de su caballo y le imploró para que visitara a la damisela abandonada.
Cuenta la leyenda que conforme el “Caballero Azul” se acercaba a los predios de la damisela, todos los campos florecían, los arboles frutales se vestían de gala con sus mejores frutos y los animales contemplaban el paso del hermoso corcel.
Dicen que la damisela fue testigo de estos cambios y salió llena de alegría a recibir al “Caballero Azul”, el cual le entregó el más preciado de los regalos, la esperanza de una vida mejor.
La felicidad volvió a reinar en la comarca y el “Caballero Azul” siguió su camino. 
Quizás está por pasar por la puerta de tu casa.  Tú solo recíbelo con alegría.  El soluciona todas tus tristezas
Y que…la misma vaina
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