.- Profesor, cómo es eso de “no duermo”.
.- Mire, escuche y lea. Mi querido discípulo le contare uno de mis más íntimos secretos.
.- Soy todo oídos, ojos y atención, profesor. Permaneceré callado durante su revelación.
Desde joven yo sufría de insomnio, producido por mis cuitas amorosas. No sabía en qué momento saltaba un problema de faldas y como usted sabe son dificilísimos de resolver.
Con el correr de los años me tranquilicé y formé una familia. Todo caminaba a la perfección, mi matrimonio y mi sueño.
Los insomnios eran cuentos del pasado. Mi sueño era igual al dormir de un niño de pecho.
Pero un día de invierno, de regreso a la casa, pasé por el supermercado y compré un ramo de flores y una oferta.
Esta oferta era un “tomatodo”, que garantizaba mantener el líquido caliente por horas, cuatro tazas de chocolate caliente y además incluía dos sanguches de jamón con queso y dos sanguches de salame.
Casi, casi al llegar a la casa, frente a un árbol, en el parque, estaba un hermosa mujer, llorando, me acerqué a ella, como todo un caballero, para ofrecerle consuelo.
Entre consuelo y consuelo le entregué el ramo de flores, nos tomamos el chocolate y nos comimos los sanguches. Yo estaba en plena primavera, el ADN de conquistador había renacido en mí.
Todo el conquistador que había vuelto a apoderarse de mi, se convirtió en cadáver. Mi esposa me vio en el parque con la bendita mujer.
Desde ese momento volvió el insomnio y no dejo todas las noches de tratar de dormir entre el sofá de la sala, la silla de la cocina, el baño de visita. Ya que a mi dormitorio estoy prohibido de entrar, por eso no duermo y estoy fregado.
Todo mi problema por ser un perfecto caballero y tratar de consolar a una dama ¿será?
Y qué…la misma vaina
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