Así como está escrito, mi querido y estimado lector, yo fui deportado de mi casa. Es decir, desterrado por razones políticas, al igual como los generales deportaron a los principales opositores. De la misma manera me deportaron de mi casa.
No respetaron el contrato de matrimonio civil, ni mucho menos el espiritual. Simplemente llegué a mi casa y encontré un acta de deportación engrapada en la puerta principal.
Las razones, meramente políticas, según dice el acta. Mi política de vida no coincide ni conviene a la política del hogar.
No respetaron que el día jueves sea el día de júpiter o de la albahaca y el arroz. Tampoco respetaron el torrente de experiencia traída del campo, lo que quiere decir mis tradiciones. Simplemente tomaron como pretexto la política tecnológica de la ciudad.
He presentado un recurso de apelación, el cual fue desechado sin sustento alguno al momento de pedir la palabra.
Según dicen, la política del hogar no permite tomar café en lugares públicos en la mañana ni en la tarde. Solo está permitido un café al día en lugares públicos.
No es justo, tengo que dejar constancia de mi protesta por escrito en este digno medio, ya que por la vía regular, la injusticia y la discriminación no permiten que yo presente mi reclamo.
!Qué viva la libertad total del individuo! !Qué se flexibilice la política del hogar!
