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Lo poco que duró

No me refiero a nuestro amor, ese espero que dure mucho tiempo más. Me refiero a un adorno de porcelana.
Mi mujer después de mucho tiempo de caminar y buscar, pudo encontrar el Niño Manuelito en porcelana que tanto deseaba, además era con la carita que a ella le gustaba. Tenía unas características que solo ella en su mente tenía.
En lo que se refiere a las sandalias, esa búsqueda fue menos complicada, las quería de plata, con suela labrada y correas trenzadas !nada exquisita la señora!, pero uno de los grandes secretos del matrimonio, consiste en nunca decir que ella no tiene la razón, según mi abuela, y como ella me aconsejaba “hijito, tú debes de navegar con bandera de tonto, pero no dejes nunca, que te agarren de tonto” y yo alumno aprovechado, como tonto caminaba.
La vestimenta del pequeño Niño, eso sí fue un parto, sin cesaria y de larga dilatación. La caminata para la vestimenta fue bajo la lluvia, con frio y sin paraguas. Calles empinadas, empedradas y resbaladizas. Los gritos ante una posible caída, remecía toda la calle, mi brazo sufría una permanente incrustación de uñas, pero el amor perdona todo, incluso el maltrato de la naturaleza.
Al llegar a la casa, el Niño Manuelito tuvo un lugar preferencial, fue la sensación familiar y la alegría de la señora. Pero poco duró, la chica de limpieza en su quehacer diario con el Niño Manuelito al suelo fue a dar.
La alegría en llanto se convirtió y como resultado de todo esta tragedia, yo terminé siendo el culpable, no pregunten el por qué, pero sin tener arte ni parte, el marido siempre es el responsable.
Y qué…….la misma vaina

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