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El sofá

El sofá

Llegue a mi casa y me encontré con la estufa prendida ¡Qué recibimiento tan agradable!

Si bien Lima no es una ciudad de temperatura baja, la humedad que tenemos es del 98%. Vivimos en agua y la sensación de frio es muy desagradable. Por más que te abrigues, los huesos duelen.

La vista del sofá era atractiva, el calorcito reconfortante y una siestita en ese sofá, que ya se veía como un señor confortable, era la gloria. Y hacia él fui.

Me recosté con una almohada y “una mantita más”, algo de música y un buen descanso a la vista.

Debo de haber entrado en sintonía con los ondas gamas, ya que me desperté a las 3:30 de la mañana, todo oscuro, la estufa apagada y yo pelado de frio en el sofá que dejó de ser confortable.

Aquí es donde me pongo a filosofar y me pregunto ¿porqué la felicidad dura tan poco?, ¿porqué los buenos momentos, que son solo nuestros, terminan tan rápido?

Según dice la filosofía urbana “los hombres no hacen nada bien si no están supervisados por sus mujeres” y debe ser cierto porque antes de quedarme dormido en el sofá, mi nieta me dijo “papapa, vas a tener frío” ¿será vidente o tiene intuición femenina heredada?

Y qué…la misma vaina.

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