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Estamos perdiendo nuestra identidad

La globalización, el desarrollo, el avance tecnológico o cualquier otro concepto es un buen pretexto para que perdamos nuestra identidad.
Lima antigua, casonas de bellas fachadas, balcones coloniales y cincuenta maravillas se pierden, porque un alcalde otorga una licencia y no respeta la identidad de la zona.
Los vecinos se quejan, pero no son oídos, son realmente olvidados e ignorados.
El alcalde pasa con sus propios intereses y los vecinos nos quedamos con una ciudad que es un arroz con mango, en el entorno arquitectónico vecinal.
Se pudo haber construido el mismo edificio, con los últimos adelantos tecnológicos interiores, y conservar las mismas características originales de la construcción en cuanto al tipo, forma y color de la fachada.
Sería un edificio ultra moderno con una apariencia que respete nuestra herencia, pero no, nosotros mismo destruimos nuestra historia y nuestros hijos ya no saben nada de la antigua Lima virreinal.
En la educación pasa lo mismo, ya no se enseñan valores. La libertad de la persona es el principio básico, se perdió la disciplina, el respeto y toda los valores morales y de vida que recibimos de nuestros ancestros.
Los canales de televisión son los grandes culpables de la perdida de valores en la niñez y juventud de nuestra ignorante población. Y nadie dice nada.
Los intereses económicos priman sobre todo, no importa si el canal dedica parte de su tiempo a la apología homosexual, el rating y el dinero es lo que interesa.
En el horario protegido para menores, los programas presentan equivocados conceptos de éxito y nuestros menores crecen pensando que es algo normal.
Las minorías gritan a rabiar, ellos saben que no son dueños de la verdad, porque sino, serían mayoría.
Pero si existe alguien que no este en comunión con sus ideas, es puesto en ridículo y catalogado como homofóbico, troglodita y disminuido como persona.
La verdad es una y una sola, las mayorías deben ser valientes y ponerse de acuerdo para también gritar, sin insultar, ni disminuir a la persona que esta en la minoría, sino en ayudarles a entender nuestros derecho de decidir lo que nosotros queremos para nuestra descendencia.
No quien grita más fuerte, tiene la razón.
Y qué……la misma vaina
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