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Los parientes

En la charla del café, los temas son increíblemente variados, se habla de política, de sinvergüenzas, de cómo nuestras mujeres nos maltratan y de los parientes.
En días pasados Alfonso, uno de los habitué al café, me estoy puliendo, antes diría unos de los asistentes, pero, así somos los viejos, con el tiempo vamos mejorando.
Regresando a lo de Alfonso, nos contaba que él tenía una tía llamada Griselda, desde chico la había visto, siempre iba a la casa, sabia la vida y milagros de toda la sociedad y chismosa como ella sola, cuando lo veía siempre decía: Que barbaridad, como ha crecido este muchacho, si ya es todo un hombre y él recién tenía cinco años.
Le gustaba vestirse a la moda de mil ochocientos, con guantes, medias nylon, sombrero, vestidos con una falda de vuelos y luego empezó a usar bastón, ese si era un entretenimiento para todos los chicos de la casa. Tocaba piano y su repertorio era de dos a tres melodías, cuando cantaba su voz era tan alta que daba risa, pero como eran canciones tan conocidas, toda la familia las tarareaba.
Paso el tiempo y Alfonso fue a la universidad, motivo por el cual no coincidía con el horario de la tía, ni de nadie, hasta que llego el día en que Alfonso cumplía los famosos 21 años de aquella época, gran celebración, toda la familia junta, tíos, primos grandes y chicos, nuevas mujeres esposas de los parientes y lógicamente la asistencia de la tía Griselda.
Cuando la tía vio a al dueño del santo dijo “Ave María, como ha crecido este muchacho, si ya es todo un hombre”, nos contaba Alfonso como se le llenaron los ojos de lágrimas, luego vino el abrazo, allí fue cuando Alfonso dijo: “Ave María, como apesta esta vieja”, la famosa tía Griselda se ufanaba que ella solo se bañaba una vez al mes y se lavaba el pelo cada dos meses, para no resfriarse, con este clima tan malo de Lima.
La atracción del santo, fueron las tres canciones juntas de la tía Griselda tarareadas por toda la familia, alegría que permitó que Alfonso se diera cuenta lo solo que estaba, de cómo se había alejado de su familia, la universidad, los amigos, la laptop, el ipod, los audífonos, todo era pretexto para su supuesta independencia, para su sentimiento de libertad, nos contaba que como ese día sintió una pena tan grande, al darse cuenta del abismo de la soledad en que se encontraba, de como nunca a propósito tenía tiempo para estar con la familia.
El día del entierro, su oración fue “Gracias, tía Griselda por haber estado presente en mi vida, gracias por hacerme entender la importancia de la familia…….que Dios te tenga en su gloria”
Y que..……..la misma vaina
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