La historia es corta, porque la verdad es triste. Durante cuatro o seis día veíamos en el café a una señora, sentada sola en una mesa, casi siempre leyendo un libro y tomando mate de yerbas.
Nunca nos contestó el saludo general que uno hace cuando va frecuentemente a un lugar, pero si se notaba en su expresión, una falta de alegría y entusiasmo por la vida.
Ayer, se acercó a nuestra mesa y nos preguntó si conocíamos a Carlos XXXXXX, le contestamos que sí, luego nos preguntó si tomaba café con nosotros, si, algunas veces aparece por acá, le contestó un amigo que es compañero de la universidad.
Luego la señora, perdió el aplomo que tenía y nos contó que según su marido, todos los días tomaba café con nosotros.
Como debe de doler la patada de una mula, a nuestro amigo lo ampayaron como saca vueltero, su mujer es la catedral, pero él tiene otra parroquia, dicho de nuestras abuelas. Mejor le será no llegar a la casa.
La señora se fue y nosotros nos quedamos callados, por que más de uno, tiene su prontuario militar.
Y qué……la misma vaina
D