Es gracioso escuchar a un niño decir, mamá agua. Lo que no es gracioso escuchar es decir “no tengo plata”.
Me acuerdo que cuando eramos chicos y jugábamos en el barrio, todo era normal y natural. Si tenías sed, de la primera manguera que había en cualquier jardín tomábamos agua. Nunca nos dijeron te vas a enfermar y nunca dijimos «mamá tengo sed»
Nos veíamos obligados a recursearnos las necesidades primarias. Si te caías jugando pelota y te hacías una herida, te limpiabas con agua de la manguera y seguías para delante. Si tenías un dolor de cabeza, ibas a tu casa y tomabas una pastilla, nunca tuvieron fecha de vencimiento, ni nosotros, ni las medicinas, ni las comida etc.
Creo que crecimos en la calle con amigos y eso nos preparó para la vida. Nos ayudó a «tener esquina» y nos enseñó a resolver solos nuestros problemas menores.
Hoy en día nuestros hijos son totalmente dependientes. Además necesitan ir a terapia donde un psicólogo.
La falta de seguridad ciudadana nos obligó a encerrar a nuestros hijos, a no dejarlos salir solos a la calle, a no ir solos al parque, es decir, nosotros y los edificios ayudamos a eliminar el barrio de la esquina.
Los chicos sin barrio buscaron amparo en las pandillas donde desvirtuaron la diversión para convertirla en vandalismo.
¿Eso es progreso?
