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Quien las entiende

Historia contada por Carlos Enrique, amigo de la
familia y hombre de edad madura. Siempre se ha caracterizado por su jovialidad
y extrañas ocurrencia, lo que no nos permite saber si  su versión contada, es un cuento o una
historia real

Empezó diciendo, he tenido un pleito con mi mujer,
de padre y señor mio. Pero no la entiendo, la verdad no entiendo a mi mujer…no
sé que hacer y ella no me ayuda.
Durante todos los años que tenemos de matrimonio,
hemos conversado y discutido que siempre “al enemigo hay que conocerlo para
poder vencerlo” “debes estudiar las costumbres, los movimientos y los gustos de
tu enemigo” “si no lo conoces, nunca podrás vencerlo” sobre estos temas hemos
conversado muchísimo y hemos estado la mayoría del tiempo en pleno acuerdo.
Al edificio donde vivimos se ha mudado una chica
espectacular que me saluda con mucho cariño (con besitos, tres en total)
siempre que me ve venir, espera en el ascensor y es toda una dama. Pero de mi
mujer es la enemiga.
 Yo como buen alumno y aplicando las conversaciones
tenidas con mi mujer las puse en práctica.
“Al enemigo hay que conocerlo”, yo como buen
estratega la invite a tomar un café para conocerla, para saber más de ella.
“Debes estudiar sus costumbres…..” acepte una
invitación a su departamento para saber como vive, como es su sala de
televisión, como es su closet, su baño y otras intimidades.
“Si no la conoces…..” salimos a comer una noche
para ver como podía vencerla y eliminar al enemigo, al regresar a la casa a las
tres de la madrugada, mi mujer me armó el lio.
 Hasta ahora 
no entiendo el problema, yo solo estoy estudiando al enemigo y con
sacrificio ya que no es mi enemigo, sino el enemigo de mi mujer. Estoy pasando
incomodidades de tener que acostarme tarde, dormir poco todo por ella y aun así
me grita…no entiendo.
Dada la magnitud del problema fui donde un amigo
psicólogo para que me ayude, le explique todo sin dejar nada suelto. El tampoco
entiende el problema, el entiende mi sacrificio, el riesgo que corro con esta
mala mujer y lo que me puede hacer. Pero no entiende la actitud de mi mujer.
Recurrí donde mi abuelita, linda viejecita a quien
le conté igualmente el problema. Su reacción fue incomprensible, tuve que salir
corriendo de la casa me perseguía a escobazos y con gritos desaforados de
sinvergüenza, mal esposo, filántropo, demonio, charchabuchero (no sé que es,
pero suena feo) en plenas carreras la enfermera se unió a ella y con plumero
también me perseguía.
Luego de este episodio traumático, me fui a la
playa donde me senté en la arena a contemplar el horizonte, ver la puesta del
sol y con la tranquilidad que te da la naturaleza, ya calmado regrese a mi
casa.
 Todo tranquilo, todo calmo, lo único raro era un
letrero que decía: Tu cama está en el garaje, no tienes ni sabanas ni frazadas,
ni ropa limpia estas en guerra, cuidado con el campo minado. Espero que no sea
la batalla de los cien días.

Y qué…la misma vaina

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