Tu suegra se fue de la casa y tú no te
enteraste, gran descuido, tú como macho que se respeta, debiste abrirle la
puerta y ayudarla con sus maletas. Llora lágrimas de cocodrilo delante de tu
mujer, para hacer méritos.
Tu hijo te comunica su matrimonio y te agradece
la hospitalidad que le vas a dar, se vienen a vivir a tu casa, gran maravilla….para
ellos. Según su futura esposa, ella estará encantada de vivir con sus suegros y
promete no entrar nunca a la cocina.
Tu esposa se siente sola durante el día, la
gran sorpresa ya compro un pequeño perro para que la acompañe. Parte del
compromiso es que tú la saques a pasear.
El esposo de tu hija vendió su carro. Tú hija
te pidió carro prestado, mientras le entregan el nuevo automóvil al yerno, al
fin y al cabo tú puedes compartir el carro con tu esposa.
Si todas o algunas de estas casualidades te han
sucedido, eres el padre y suegro normal. El único remedio que te queda es “que
la fuerza te acompañe” revélate y hazte el loco.
Y qué…la misma vaina
