jt

Confesiones de una diosa

Yo debo de tener cara de confesor errante,
de oidor de sentencias o de consolador de viudas, ya que tengo más anécdotas
que aventuras.

Caminando por el Boulevard de San Isidro,
se me acerca un joven señora a preguntarme ¿es usted amigo de Ricardo?. Si balbuceé.,
tomamos café juntos algunas veces, ¿le puedo hablar un momento?  me preguntó. Tomémonos un
café, le sugerí.

Nunca me habían mirado tanto al entrar a un
café, llegó un joven a saludarme y me dice al oído “eres un potro, eres mi
ídolo” nos sentamos y su historia comienza. Mi vida es una tragedia, tragedia
griega le dije, porque eres una diosa, sí, me contestó y natural, me casé a los
diecinueve años,  viví año y medio en el
Olimpo, después tuve una hija y fue cuando mi marido me abandonó.

Yo un poco preocupado, ya que no sabía por
dónde terminaría esta conversación, busqué con la mirada alguna salvación. Pude
distinguir a un amigo, le sonreí y lo invité a acompañarnos,  los presenté y desaparecí dejándolo con la
diosa y la cuenta.

Cuando llegué a mi casa, creo que a mi mujer
le habían chismeado algo, ya que me miro con ojos de doberman o pitbull y me
preguntó ¿Dónde has estado? Tejiendo roponcitos respondí y seguí mi camino. 
Total, uno es así.


Y qué……la misma vaina


D

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *