En la mañana me bañe, me lavé el pelo, me afeité, me vestí
elegante y la verdad es que yo estaba muy bonito.
elegante y la verdad es que yo estaba muy bonito.
Y así muy bonito, me sentía suizo, europeo o gringo, » ya yo
mismo era». La razón, me habían invitado a almorzar al Swissotel de Lima-Perú, en
el Salón La Locanda.
mismo era». La razón, me habían invitado a almorzar al Swissotel de Lima-Perú, en
el Salón La Locanda.
Que no es ninguna loca que anda por allí, es un salón super
elegante con un Maitre de primera línea.
elegante con un Maitre de primera línea.
Solo con escucharlo una ya saboreaba la comida y se daba por satisfecho.
Pero el cuento es que yo me sentía mahometano, musulmán, árabe
o japonés, no se, pero yo solo, acompañado de tres respetables, bellas y hermosas
jóvenes, ya era lo máximo.
o japonés, no se, pero yo solo, acompañado de tres respetables, bellas y hermosas
jóvenes, ya era lo máximo.
Por ser el único hombre me preguntaron que desean tomar, yo muy
suelto de huesos pedí una botella del mejor champan para cada uno. Las miradas
fueron tan asesinas que cambié a una limonada con hielo sin azúcar, (para mis
adentros pensé “que tal cambio compadre….que diría Martín Fierro, el gaucho
matrero” con el cambio de tu pedido)
suelto de huesos pedí una botella del mejor champan para cada uno. Las miradas
fueron tan asesinas que cambié a una limonada con hielo sin azúcar, (para mis
adentros pensé “que tal cambio compadre….que diría Martín Fierro, el gaucho
matrero” con el cambio de tu pedido)
Después de una impresionante atención y una suculenta
comida, ya no éramos unos comensales, el Maitre nos había convertido en
sibaritas de primera clase, llegamos a un café como final de aventura.
comida, ya no éramos unos comensales, el Maitre nos había convertido en
sibaritas de primera clase, llegamos a un café como final de aventura.
Si la conversación fue agradable y la compañía extraordinaria,
nada pudo compararse con los potajes, yo viejo mañoso, gran admirador de las
mujeres, tuve un desliz y por culpa del Maitre ,caí en las manos de Hestia, diosa griega de la cocina.
nada pudo compararse con los potajes, yo viejo mañoso, gran admirador de las
mujeres, tuve un desliz y por culpa del Maitre ,caí en las manos de Hestia, diosa griega de la cocina.
Y qué…uno es internacional de vez en cuando
