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Ganas de vivir sin pastillas

Llegó al café, una amiga nuestra muy alegre y contenta. Me
levante y fui a por ella, a boca de jarro le pregunte ¿y esa alegría de donde
sale?

 
Tratare de ser fiel a sus palabras. Mi querido amigo, yo ya
no soy una jovencita, tengo mis cincuenta años más algunos nueve años bien
puestos.
El cuerpo va caminando gracias a la gimnasia y al comer
sano, pero la depre se andaba metiendo por el costado y me causaba muchos
problemas.
Los hijos grandes, traen problemas grandes, el marido también
juntando juventud y estrés presenta dificultades.
La situación económica no ayuda mucho, ya tú sabes que
cuando el dinero sale por la puerta de la casa, la felicidad se va por la
ventana.
Con todos estos elementos, el doctor encontró que lo mejor
para mi eran unas cuantas pastillas al desayuno y algunas otras al acostarme.
Llegó un momento en que ya estaba harta de las pastillas, de
mis llantos sin razón y de mi eterno mal genio. Decide ponerme ropa de gim y
salir a caminar, cuando pase por una construcción me gritaron: Mamacita adóptame,
 Mi amor contigo hasta el infierno, Pisa
fuerte mi amorrrrrr… con esa figura de diosa.
Al terminar de pasar por la construcción me di cuenta que yo
era otra persona, que todavía estaba potable. Lo intenté al día siguiente por
otra construcción y sentí los gritos en lo más profundo de mi alma y mi
autoestima por las nubes.
Deje las pastillas y ahora vivo de los piropos que recibo
día a día. Ya sé que soy una mamacita, una belleza, una diosa y que todavía levanto
pasiones. De allí nace mis ganas de vivir sin pastillas.
 
Dejo constancia que esta es una historia verdadera.
  
Y qué…cuando una mujer es mujer, todo vale
D

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