Esta fue la explicación que me dio mi amiga Lucrecia, cuando
la vi en el café el martes pasado. Ella tenia una cara de agotada, estaba desencajada
y todo el cuerpo le dolía, las ojeras en su cara parecían platos de fondo para
una comida, por eso cuando la vi me sorprendí y le pregunté ¿te peleaste contigo misma? No , mi problema es que ahora tengo miedo. Es fácil decirlo, pero vivirlo es muy complicado. Es una
noche de insomnio cuando lo negro se ve más negro y los mounstros cobran vida, me
tuve que esconder entre la sabana muerta de miedo. La única razón para este temor, ya había conocido la felicidad y tenia pavor
de perderla.
la vi en el café el martes pasado. Ella tenia una cara de agotada, estaba desencajada
y todo el cuerpo le dolía, las ojeras en su cara parecían platos de fondo para
una comida, por eso cuando la vi me sorprendí y le pregunté ¿te peleaste contigo misma? No , mi problema es que ahora tengo miedo. Es fácil decirlo, pero vivirlo es muy complicado. Es una
noche de insomnio cuando lo negro se ve más negro y los mounstros cobran vida, me
tuve que esconder entre la sabana muerta de miedo. La única razón para este temor, ya había conocido la felicidad y tenia pavor
de perderla.
Me miró fijamente a los ojos y con lágrimas me dijo; No…
ahora que he conocido la felicidad, tengo miedo perderla. Es algo tan maravilloso y puedo decir «soy feliz».
ahora que he conocido la felicidad, tengo miedo perderla. Es algo tan maravilloso y puedo decir «soy feliz».
Desde ese fatídico martes, en que escuche la historia de Lucrecia, me niego a perder la felicidad, quiero ser
normal, alegre, cariñoso, mañoso y vivir contento. Yo también tengo miedo de
conocer la felicidad y luego perderla.
normal, alegre, cariñoso, mañoso y vivir contento. Yo también tengo miedo de
conocer la felicidad y luego perderla.
Y qué…todos somos iguales
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