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Soy soltero y vivo solo

Existen razones sentimentales por la cual
vivo solo, me gustan todas las mujeres, gordas, flacas, altas, chatas, rubias,
morenas, pelirrojas, y pelos pintados, en falta o pantalón, también en short y
como vivieron al mundo mejor. Por eso y por respeto a los que comparten el
departamento, prefiero vivir solo.



Suerte que era sábado cuando tuve que
recurrir a mi MADRE, eterna salvadora, ella me enseñó a usar la lavadora, a
planchar mi ropa, a tender mi cama y sobre todo a calentar el agua para un
delicioso café. En la limpieza falló un poco y ése fue el problema.

El viernes salí de farra, al regresar a
mi departamento abrí el refrigerador y solo encontré mantequilla, también encontré
medio paquete de galletas frías, pero con mantequilla igual les di vuelta.

En la mañana siguiente, no digo la hora
por vergüenza, pero mi mesa de noche era una sola mancha negra de hormigas
comiéndose los restos de mis galletas.

Ahí fue cuando grite al teléfono
“MAMAAAAAA  AYUDA”, se presentaron a mi
departamento mi madre, mi hermana menor, la señora que ayuda en la casa hace 30
años y me dice “MI NIÑO”  para proveerme
ayuda.

Las tres al unísono emitieron lo que
parecía un grito de guerra de alguna tribu de la época medieval. “AAAAAYYYYYYY”

Empezó la guerra frontal contra mi
actitud, “este departamento es un asco”, “¿cuándo fue la última vez que
limpiaste?” no había una de ella terminado de hablar, cuando la otra decía “en
este refrigerador solo hay cucarachas”, “mi niño la ropa debe lavarse, aquí hay
siete camisas, seis calzoncillos, doce medias y un solo pijama ¡no me diga que
duerme calato!”.

Deprimido, disminuido y humillado acepté
los vejámenes de estos jinetes de la Apocalipsis ¿Qué tengo que hacer”,
pregunté con resignación. La respuesta fue en trio “LIMPIAR”  ¿Cómo, yo solo? 

Mi madre con sus soluciones
rápidas me contestó, “no, con plata”. Yo haciéndome el chistoso y repetí ¡a
carajo, sin escoba!

El pellizco de mi  madre dolió mas que la risa. Llamó a una
empresa de limpieza de su confianza, ofreció pagar el doble para que la acción
fuera inmediata y que por favor incluyera señoras que supieran lavar ollas,
platos, sartenes, lavar y planchar ropa. El pago, dijo al teléfono, será con
tarjeta de crédito, se acercó mi engreída y me abrió la billetera diciendo “mi
niño ¿con está tarjeta está bien?”

Luego mi hermanita la trabajadora,
especializada en presupuestos para la construcción de edificios, se acercó a mi
muy cariñosa y me dijo con mucha autoridad, “siéntate.  En una hoja de Excel me indicó el menú para
mis próximos seis meses, incluía todo lo necesario para recibir visitas,
desayunos  y merienda nocturna, ya que yo
no almuerzo en la casa. En otra hoja de Excel estaba la lista de compra. 

“Báñate,
vístete, nos vamos de compra”.

Debo reconocer que al atardecer mi departamento
era de estreno, tan bien quedó, que tuve de invitados a tomar lonche a mi
padre, mi madre, mis tres hermanos, dos maridos, tres sobrinos, una prima que
cayó de visita y mi engreída, dicho sea de paso, ninguna movió un dedo!

Fui el anfitrión perfecto, pero no se
movieron hasta que dejé todo limpio y reluciente.  El domingo dormí de corrido hasta las cuatro
de la tarde, cuando sonó en timbre, era mi hermana menor con tres amigas,
suerte que estaba con pijama limpio, me puse una bata y parecía un Lord de
película romántica.  Les pude invitar
unos piqueitos y unas cervecitas, creo que una de las amiga de mi hermana me había
echado el ojo, ya que revisó el departamento de arriba a abajo y  me dijo al oído “eres el hombre perfecto” y me
mordió la oreja. Y al toque le dijo a mi hermana “cuñada, nos vamos!”.

Creo que la limpieza y orden me han
traído otro tipo de problema “MAMAAAAA AYUDA”



Y qué…los hombres somos mercadería
apetecible.


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