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Lo importante

Cuando yo era
joven, esbelto, guapo y bien plantado, mi vida caminaba sobre rieles
perfectamente alineados. Vivía en casa de mis padres, tenía una propina que me permitía
solventar mis gastos de estudiante y todo era felicidad.
No era el más más
del grupo, pero si era uno de los bacancitos, las fiestas, las chicas y los amigos
a borbotones.
Un día me
despierto y todo se había ido, se había desvanecido, se había esfumado, yo, no
era yo, era yo, pero yo era otro, me fui a la playa a pensar qué había pasado.
Regresé a mi casa al anochecer sin encontrar la respuesta, mi madre con todo
cariño me preguntó ¿mi hijo, dónde has estado todo el día? Te han llamado por teléfono,
te han venido a buscar tus amigos, nadie sabía nada de ti .Le di un beso a mi
madre y me fui a mi cama.
Al día siguiente
me desperté pensando que había tenido un sueño, pero no, seguía con el mismo
sentimiento que yo no era yo. De nuevo a la playa.
Así anduve un
largo tiempo hasta que me di cuenta que había entregado mi corazón y no me había
dado cuenta, en mi soberbia que no me permitía ver a la montaña que me caía
encima. Se venía con rocas, tierra y agua, era atroz.
Conversé con mi
madre largo rato y simplemente me respondió ¡Hijo…has madurado! Busca en  tu corazón y fíjate bien a quien se los has
entregado.
No era una tarea fácil,
ya que para sinvergüenza y mentiroso, yo era una artista, a cuántas mujeres les
había dicho “te prometo con todo mi corazón en la mano, que tú eres la única”  “mis ojos no tienen mirada para otra, solo en
ti reposan con alegría” “si tengo que caminar al altar, solo tú eres la única que
me puede hacer feliz el resto de mi vida” Y estas mentiras eran comunes todos
los días.
Ahora era yo quien
había caído en una de mis mentiras, me tocaba saber cuál de todas era la que me
había cautivado, cuál era la que me había exprimido el cerebro y había logrado
perturbar mi corazón.
Qué difícil es encontrar
el verdadero amor me decía todo el tiempo, mientras caminaba de flor en flor. Como
pájaro frutero iba de árbol en árbol, cachetadas me dieron, sin sabores recibí,
desprecio y ofensas por montones las tenía.
La suerte que
tengo es que el Señor me ama y me cuida, caminando dentro de un supermercado
haciendo las compras para mi madre, me quedé mirando unas botellas de aceite
para cocina y no sabía cuál era el indicado. Debo haber tenido una cara de
bruto e ignorante mirando las botellas, que una voz me dijo “te ayudo” fue el más
bello sonido que jamás mis oídos habían escuchado. Y yo tan experto y
mujeriego, no me moví. “oye, te ayudo” esa fue una sinfonía de Beethoven que mi
corazón no pudo resistir, miré a mi costado y vi lo más impactante de mi vida,
unos ojos llenos de dulzura y candor, una sonrisa que me transportó al cielo en
forma inmediata y sentí cómo explotó mi corazón de emoción. Pero no podía hablar,
no me salían las palabras.
Como todos los
cuentos tienen que ser cortos para no aburrir, debo decir que llevo cuarenta y
ocho años de amante esclavo. Y soy feliz.
Y qué…uno también
tiene sus debilidades.




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