Recuerdos de mi juventud
Toda historia tiene un comienzo y un final. El inicio de esta historia es una hermosa mujer con una blancura oriental y unos ojos color almendra que repartían amor con solo una mirada.
No puedo decir que yo fui el único que en sus redes no caí. Fuimos muchos los incautos que, ante una belleza sucumbimos. Si puedo representarlo en forma , diría que formamos una banda de admiradores que esperábamos lograr conquistarla, pero ella era renuente a todo.
Esto de la belleza viene en el ADN. La abuelita de esta hermosa mujer es una señora increíble que a sus 73 años era muy bonita, con mucho garbo y elegancia para vestirse. La pena era la mamá !qué señora para antipática! Sabiendo lo encantadora que era la hija, se había convertido en una loba en celo cuidando a sus cachorra, pero todos tenemos anécdotas con ella.
Un día estaba yo caminando por la calle y la veo venir desde la bodega. Me “paré en seco” esperando a que pase para decirle un piropo. Ella me miró, me sonrió y un beso volado me envió. Yo, pensando en los ángeles, seguí caminando y no vi que faltaba la tapa de un buzón de agua y directo al fondo caí a golpearme y mojarme.
Ahora, cada vez que tiendo la cama, me acuerdo de ella, por la simple razón que fue a visitarme mientras estaba recuperándome de la caída, pues pasé 30 días enyesado, con dieta suave y sentado en un sillón. Un paréntesis, en esa época no había televisión, osea que aburrido estaba de todas manera. Pero el cuento es así, ella entró a mi cuarto. Me di ó un beso en la mejilla y !se me iluminó todo! la belleza en mi cuarto se sentó y con unos ojos tiernos y amorosos me dijo:
Ya sabes ¿por qué no puedo enamorarme de ti? me quede mudo, sólo atiné a preguntar ¿por qué? Porque tu no puedes hablar y caminar a la vez, es decir, no puedes hacer dos cosas a la vez. Ni tu cama puedes hacer solo. Esa fue la cereza del pastel.
Pasaron los años y un día la encontré con su marido y sus dos hijos. Grandes besos y abrazos. Le pregunté ¿qué edad tienen tus hijos? me dijo, Alfredo 12 y Janet 8, yo le dije ¿osea que tu tampoco puedes hacer dos cosas a la vez? Soltó la risa y le dijo a su marido “después te explico”.
Y qué…los recuerdos de juventud están vivos.
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