Todos en nuestras vidas nos hemos cruzado con personas que sin saberlo imitan o se creen seres iguales a los dioses griegos.
Algunos se sienten Zeus, quien era el “más más”
Otras se sienten Afrodita, la diosa de la belleza
Algunos se sienten Poseidón, dios de los mares y océanos
En este relato nos centraremos en María del Carmen Augusta Ramirez Rever, quien desde chiquita no fue muy agraciadita, pero era una ricurita, toda gordita, con sus cachetitos rojo y sus rulitos, que siempre fueron hechos a la fuerza por la nana que la cuidaba.
Con el pasar de los años, al frisar los 15, le entró de lleno la pretensión de ser Afrodita, si bien hay que reconocer y ser sincero que, si la chica a los 15 o los 16 era fea, pero tan fea, que muchos se acordaban de Victor Hugo cuando se refirió a Quasimodo; “En efecto, era malvado porque era salvaje y era salvaje porque era feo”. Bueno esta chica era fea, pero lo rescatable en ella era su simpatía.
Al llegar la temporada de playa, cuando ella tenia 18 o 19 años se convirtió en una verdadera Afrodita, se echaba en la arena buscando broncearse como diosa del olimpo. No existía “varón” que al pasar a su costado, no sufriera un impacto visual catatónico. Todos los muchachos querían ser como Poseidón, conocedores del océano, de las mareas y las olas, todos estaban dispuestos a cargarla entre sus brazos para llevarla al mar.
Pasó una linda temporada llena de invitaciones, halagos, coqueteos y envidia de las otras mujeres, por lo que logró pasar el verano con mucho éxito.
Pero un día, como sucede con la mayoría de las mujeres, desapareció del panorama, no había donde encontrarla, aumentaron las depresiones por amor y el número de locos enamorados en el manicomio.
Y qué…de María del Carmen Augusta Ramirez Rever nunca más se supo.
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