Hasta este momento no puedo asimilar la situación vivida durante la cuarentena, fueron dos años y medios en los cuales me sentí en una cárcel. Sin ser culpable de nada.
Al inicio me dio la libertad de poder leer, escuchar música, cocinar y tener una vida de casa diferente a la vivida anteriormente, pero al poco tiempo el no poder salir, la misma rutina, el no escuchar el ruido del tráfico, los gritos de los niños en el parque fueron castrando mi personalidad.
No tenía sentimientos, realmente no había en mi, ilusión alguna, no tenia capacidad de imaginar ideas para escribir, se había acabado mi alegría inicial, no se si fue tristeza o depresión, pero lo que sentí “ fue que yo, no era yo”.
El Zoom se volvió algo normal para hablar con los amigos, pero lo que me faltaba eran los abrazos, los golpes en la espalda como muestra de cariño.
Pronto me aburrí de ello y no encontraba ubicación en mi propia casa, a la chica que nos ayudaba con la limpieza le tuvimos que decir que ya no viniera, la razón vivíamos temerosos del contagio, las noticias eran espantosas no habían vacunas, no había oxigeno, no habían camas y el número de muertos aumentaba día a día.
Todos hemos perdido amigos, parientes o escuchado de personas que no pudieron superar el momento.
NO, insisto NO puedo entender hasta ahora como me anuló mentalmente esta situación, un virus creado por el hombre para destruir al hombre, que logró mantener al mundo con sus fronteras cerradas y los muertos incinerados por temor al contagio, el no poder visitar a tu padre en el hospital, la entrada de personas estaba prohibida, solo los enfermos y en estado avanzado podían ingresar y no había capacidad para todos.
Fue una época de corrupción tremenda, negociado con las vacunas, los tapabocas, la posibilidad de encontrar una cama en el hospital, la falsificación de documentos para poder circular con los carros, los pequeños negocios cerrados sin posibilidad de sacar de sus depósitos los artículos perecibles, todo era un caos y nuestros gobernantes no tenían la capacidad ni la preparación para lidiar con una situación de pandemia.
Yo en medio de este caos tampoco tenía la capacidad de entenderme yo mismo, me anulé, me bloquié mental y emocionalmente sin poder después de tanto tiempo volver a mi realidad.
Viví pidiéndole a Dios fuerza para entender algo que era incomprensible.
Y qué… viví y vivo una vida diferente.
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