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Mitos de mi país

En uno de mis viajes a las alturas del Perú, me encontré a los 4,200 msm con una laguna espectacular color azul transparente con filos azules intensos en la orilla.
El paisaje era digno de los dioses, con seguridad, los Apus habían protegido esta zona del hombre blanco, ya que donde él llega, todo lo tranforma para obtener dinero. No le importa la historia, los ancestros ni la cultura, su objetivo es el bienestar económico.
Tomé la decisión de quedarme en este paraje a dormir y pasar unos días para encontrarme a mi mismo. 
Al atardecer se acercaron a mi unos comuneros a preguntarme si necesitaba algo, ya que la noche llegaría pronto y yo no estaba provisto de lo necesario para quedarme allí. ¿Tendré mucho frio? pregunté. Una de la comuneras me dijo “mucho frío no, muchisimo frío y hielo”.  
Me quedé mudo y parado como una  estatua sin saber qué hacer o decir, cuando una jovencita me alargó su poncho, luego dos comuneros me dieron también sus ponchos diciendo “con esto te abrigarás y vendremos en la mañana con agua de coca caliente para animarte”.
Marta la comunera mayor dijo “haremos ofrenda a la laguna y a la noche, para que te protejan de “qan purinki”.
Después de la ofrendas nos sentamos a tomar un mate de coca y a conversar.  Aproveché para preguntar que significaba “ QAN PURINKI “.   Sonrisas con los labios cubiertos con las manos. 
Te contaremos la historia.  Hace mucho tiempo subió a esta zona una mujer blanca, se enamoró de la laguna, y tanto era su amor por esta laguna, que se bañaba en sus heladas aguas.  Nosotros, la comunidad, le dejabamos comida y algo de coca.  La podíamos ver a lo lejos, ya que cuando nos acercabamos, ella desaparecía.  Nunca más la volvimos a ver, pero dicen que algunas veces ella pasa caminando hacia Ollantaytambo donde se queda por un tiempo y luego regresa a alguna cueva donde debe vivir, por eso la llamamos “ QAN PURINKI “ en quechua o  “ELLA CAMINA” en español.
Cuando me dejaron solo, ya casi al oscurecer, me abrigué con todo lo que tenía, después de hacerme un colchón con bastante ichu.  Fue la noche más larga y fría de mi vida, pero todo cambió cuando vi a “QAN PURINKI” pasar.  La llamé, le grité, pero yo para ella no existía. Su belleza al verla caminar fue un espectáculo, no le pude ver la cara, solo la vi alejarse.
El frío se tranformó en visión, la visión en encantamiento, el encantamiento en peligro, ya había amanecido cuando llegaron los comuneros y lograron recuperarme de la visión.
Me frotaron con agua caliente, me dieron mate de coca y unas yerbas para masticar.  Después de todo este desencatamiento, agradecí para dirigirme a Ollantaytambo, no sé en busca de qué.
Y qué…todos tenemos ilusiones
D

One thought on “Mitos de mi país

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