El gran escape
Hoy día jueves fue un día de miércoles ¡qué calor, qué bochorno! no corría ni una pizca de aire. La oficina parecía una sucursal del infierno, sin almas perdidas. Llegó un momento en que casi me desvisto totalmente, empecé sacándome el reloj, luego el saco, después la corbata, no seguí por respeto a mis compañeros de oficina. Armando, mi compañero de cubículo, estaba sin zapatos y con los pies en una batea de agua con hielo.
Pero teníamos la esperanza que el equipo de aire acondicionado sería el día de mañana, a más tardar, en una semana. Cambió toda nuestra rutina, con decir, que yo adelgacé 6 kilos, una naranja en la mañana, una manzana en la tarde y 30 litros de agua al día, mis riñones, mi vejiga, nunca tuvieron tanto trabajo y mis amistades en el baño aumentaron considerablemente.
De todo lo malo siempre sale algo bueno, la señora de la limpieza alquilaba calcetines congelados, cojines para las sillas de oficinas congelados y para terminar, su invento de camisetas congeladas ¡qué tal negocio! nosotros le pedíamos que alquile sostenes congelados para las compañeras de oficina, pero ella no quiso entrar en ese negocio.
El Negro Carlos llevaba para vender chupetes de frutas natural y orgánico, qué tal negocio, los tenía en botellas de vidrio, en botellas de plástico, en bolsas de plástico y al por mayor, es decir, tu ponías tu vaso y el hijo mayor servia un cucharón de refresco.
Al final del día salí de la oficina, como alma que se lleva el diablo de regreso a su territorio, subí al micro bajo el grito “al fondo hay sitio”. En el trayecto de la puerta de subida la micro y al fondo hay sitio, sentí todo tipo de tocamientos y situaciones incomodas. Soy un tipo normal, ni gordo ni flaco, pero más para gordo, de pelo rubio ondulado. Me paré detrás de una señora que tenia a una bebé en brazos, y apenas me vio se echó a llorar, me agarraba los pectorales y le decía a su mamá, quiero teta, quiero teta. Me tuve que cambiar de lugar donde fui rodeado por cuatro señoritas, sentí sus manos por todos lados, me da la impresión que seré papá de alguien dentro de 9 meses, en pleno trayecto y manoseo el micro hizo una maniobra rara y sentí como yo volaba de una lado a otro, al pisar el piso note algo extraño, me habían robado los zapatos, si me había nrobado los zapatos.
Feliz llegué a mi casa con camisa pantalón (sin calzoncillo) con medias y sin zapatos, mi mamá me recibió con un reconfortante café con pisco y directo a la ducha, una ducha alargada de cerca de treinta minutos. Salí del baño con una toalla amarada a la cintura y en mi habitación encontré a tres urracas, mi enamorada, su mamá y mi mamá y en la parte de atrás media escondida estaba la chica que ayuda a los quehaceres de la casa. Mi instinto de pasajero de micro me dijo, “mejor sal corriendo”, pero no había por donde. Todas las salidas estaban estratégicamente bloqueadas, por lo cual les pedí permiso y me puse mi pijama, pensando que comprenderían que me acostaría de inmediato, pero no, la mamá de mi enamorada tomó la palabra diciendo “vamos a la sala”, le respondí “señora, estoy en pijama”, pero me dijo “si estuvieras calato igual ibas”.
Mi madre una santa, no decía nada, ni miraba nada y no respiraba, tenía una muerte prematura momentánea. La señora Eleonora tomó la palabra que más parecían ladridos de perro doberman, qué palabras de cariño “joven, ya lleva usted cinco años de amores con mi hija y ya llegó el momento del matrimonio”.
El color de mi piel es capulí, se volvió blanco mármol de carrara y me desmayé.
La señora venía preparada, me frotó la nariz con unas sales que me despertaron al toque, solo atiné a decir yo no fui y caí en estado catatónico.
Al llegar el doctor y después de revisarme y escuchar mi relato al oído, pidió que me llevaran a una hamaca al jardín y como diagnóstico por escrito dijo:
“a este paciente su café con leche en el desayuno, buen almuerzo, un lonche ligero y una copa de vino antes de dormir. A este paciente no se le debe de hablar de ternos, vestidos blanco o matrimonio. Por último a este paciente debe recibir el menor numero de visitas al mes”.
Regresaré dentro de dos meses para ver si le cambio el tratamiento. Mi madre que es una santa, le dijo “gracias doctorcito, cuánto le debo”, “señora no se preocupe, al final del tratamiento hablaremos de mis honorarios”.
Mi ex enamorada y su mamá se fueron resfriadas, ya que la nariz destilaba agua y sus ojos lágrimas.
