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El caminante

Me llamaron unos amigos para que los
encuentre en la sierra del Perú. Un lugar cerca de Caraz a nueve horas de Lima.
Cuando recibí la llamada y los encargos estaba yo en la oficina dispuesto a
salir para tomarme un café.

Javier, venté para acá y trae
provisiones, necesitamos café, arroz, verduras, papas, pollo y lo que te
imagines, trae pan de molde de todas maneras, me pidieron.

Esa tarde hice las compras, revisé el
auto,  preparé todo para salir a las
cinco de la madrugada al encuentro de mis amigos. Algo no inusual ya que
frecuentemente subimos a esa parte del país.

Mi esposa me despidió temprano deseándome
buen viaje y no dejes de llamar cuando tengas señal, me pidió. Después de seis
horas de viaje me sentí muy cansado, tenia sueño y por seguridad busque un
lugar donde estacionar el auto y descansar un rato.

Me baje del auto, limpié con los pies un
pedazo de tierra, busqué una piedra, la forré con mi casaca y me eche a dormir.
No se cuanto tiempo paso cuando sentí un voz que me despertó y dijo, ¿Necesitas
ayuda? ¿te pasa algo? Mi sobresalto fue grande y agresivo, no supe que
responder en forma inmediata, me fue difícil, pero atine a decir; No nada,
gracias, Me incorporé, logré sentarme y observar al hombre que tenia al
costado.

Hombre delgado, de estatura media con
cara delgada y alargada, barba color café muy descuidada, pelo corto, hombros
anchos, brazos musculo y manos anchas, ojos color café con una mirada muy
difícil de describir. Tenia un pantalón de tela típica serrana con ojotas echas
de caucho de llanta de camión.

Se sentó al lado mío, después de un largo
silencio en que nos observamos de rato en rato, le dije nos tomamos una café,
si se puede, estoy dispuesto, me contesto. Saqué del auto lo que tenia, el
prendió una fogata, busco una lata para hervir el agua.

Tomamos café acompañado de unos
panecillos y una larga conversación, descubrí que me había encontrado con un
caminante,  llevaba tres años recorriendo
a pie las carreteras del país, su conocimiento y filosofía natural era
asombrosa.

La naturaleza lo había impregnado de un
gran conocimiento y una especial sabiduría. Nos quedamos en dicho lugar dos
días, se nos juntaron unos policías de carreteras por algunas horas y unos
motociclistas alemanes se quedaron un día con nosotros.

Después de esta gran experiencia seguí mi
ruta y el caminante la suya, al llegar donde mis amigos me exigieron el cuento
completo de mi aventura.

Mi esposa, mis amigos, mis hijas no se
cansaban de decirme irresponsable, loco, viejo inconsciente, pero la experiencia
que viví no me la quita nadiesssss.


Y qué…la vida es una sola.

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