Cuando alguna persona pretende contar su historia, siempre tiende a resaltar la parte agradable y las actitudes que agraden al publico. Pero mi historia es mi historia y yo así la viví.
Entre los ocho y nueve años, vivíamos en la esquina del barrio, llegábamos del colegio, nos quitábamos el uniforme y a la calle donde estaban los amigos. Los juegos eran con pelota, con chapita, con bolitas , con todo aquello que teníamos a mano y el agua se tomaba de la manguera del jardín mas cercano. No había peligro en las calle y los Tombos (policías) eran los que no quitaban la pelota de “julbo” ya que era prohibido jugar en la pista.
Un día cerca del atardecer llegó una nueva vecina al barrio, no había sentido nunca antes esa sensación de felicidad y ternura al mirar esos ojos. Me sentí raro y algo extraño me sacudió, oye “..on” me gritaban los amigos y la verdad no tenia ningún interés en regresar donde ellos.
Me fui a la casa entre gritando “VIEJA…VIEJA” forma cariñosa como yo llamaba a mi madre, que pasa hijo….Vieja te cuento, acaba de llegar una familia al barrio, tienen una hija de mi edad y es linda, me miró y he sentido algo raro. Se puso seria y me dijo, mañana cuando regreses del colegio recogemos unas flores del jardín, armamos un ramo, te presentas a su casa, le entregas las flores, le preguntas su nombre le dices el tuyo, te despides diciéndole mañana nos vemos ¿qué te parece?
Aquella noche no pude dormir, tenia la cara de la chica siempre delante mío, solo quería conocerla, hablar con ella, esperaba el día siguiente con la misma ilusión que alguna vez espere las navidades.
Me desperté super temprano, apuré a mi hermano y nos fuimos al colegio, pasé todo el día como idiota, ya se pueden imaginar como fui el punto del día en la clase “…on” para arriba y “…on” para bajo y yo pensando en la chiquilla.
Al regresar del colegio ya mi Vieja tenia el ramo de flores encima de la mesa de entrada a la casa, la abrace la bese y subí a cambiarme al toque, me acuerdo que ni me bañe, no me eche perfume, no peine bonito solo quería llegar rápido a la casa de la vecina.
Mi camino a la felicidad fue difícil, me moría de miedo o mejor dicho tenia pánico, todo lo que había pensado decir se me olvidó. Al llegar toque el timbre y apareció ella, vi a un ángel, la forma en que me miró hizo que mi boca no pudiera emitir sonido alguno “me llamo Damaris” luego apareció su padre gritando ¿quién es este mariconcito que viene con flores? Ya, ya te me vas ahorita.
Tire las flores y me fui corriendo a mi casa, subí a mi cuarto me eche en la cama y lloré, lloré hasta que sentí que me acariciaban la cabeza ¿qué pasa hijo? Le explique entre llantos a la vieja mi enorme fracaso, me dio un beso y me dijo “los gritos y el maltrato no siempre ganan” tienes que buscar una solución.
Este hecho, marco mi futuro, mi vida y mi personalidad. Me dediqué al estudio quería terminar el colegio lo mas pronto posible, deje de salir al barrio, me volví callado, introvertido, perdí la sonrisa, la expresión “este moriconcito con flores” sonaba constamente en mi cabeza.
Con Damaris, me cruce varias veces, nunca hable con ella, solo su mirada me reconfortaba. A los quince años la encontré en la bodega de la esquina, me saludo con un beso en la mejilla y con una divina sonrisa me dijo “tu ramo de flores es lo mas precioso que me pasado en la vida” luego entre risas se fue corriendo con sus amigas.
Terminé el colegio, me subí a un barco mercante de un amigo de mi padre como ayudante y me fui a Europa, mi idea era llegar a Francia para ir a enrolarme a la “Legión Extranjera” idea alimentada en el colegio francés que estudie. No fue fácil pero lo logré, firme contrato por ocho meses, luego regrese a Francia, trabaje en Marsella como estibador, luego subí a Carcassone, donde trabaje como mozo, anduve por toda Europa mucho tiempo ganando lo suficiente para vivir día a día. Al llegar a Luxemburgo, me encontré con el Gordito Vargas, se iba a Nueva York por US$ 100 (dólares) vía Alaska (Anchorage) yo tenia visa gringa y me embarque junto con él. Allí conseguí trabajo en una pastelería italiana, durante los tres meses que estuve allí, hice amistad con el hijo del dueño, un día me comentó, un grupo de amigos nos vamos a Perú, vamos a Machu Picchu para un curso en la universidad. Me embarque con ellos, al llegar a Lima, me separé y fui a mi casa.
Mi madre se sorprendió al verme, me beso, me abrazo, me sentí en el cielo, mucho tiempo sin sentir un verdadero amor. No dijo ni un palabra, solo me tomó de la mano, nos quedamos sentados en la sala largo rato. Fueron llegando mis hermanos y hermanas luego mi padre. La muchacha de la casa se había encargado de difundir la noticia de mi llegada.
Al mes de estar en Lima, decidí quedarme y compre un pequeño departamento, solo pense comprar un colchón, una mesa de noche con su lámpara, un ropero. La cocina si la puse completa más una pequeña mesa con dos sillas. En la sala un moderno equipo de música muy pequeño y en la terraza un sofá de dos cuerpo. Mi madre muy caustica ella, me dijo ¡hijo, que minimalista tu decoración! Vieja, el día que me case, con ella completaremos la casa.
Paso el tiempo, anduve de arriba para abajo buscando como afincarme sin ningún apuro. La novia de mi hermano mayor me invito a la boda de su hermana, motivo por el cual me compre un terno, camisa de cuello, corbata, zapatos y para estar bonito me fui a un sauna, me corte el pelo, me hicieron la manicure, pedicure no se que tanta cosa más recomendada por mi cuñada, me hicieron. Ella le decía a mi hermano que yo parecía un hombre de las cavernas.
El día de la boda llegue un poco tarde ya que tuve que ir donde mi padre para el nudo de la corbata, la vieja se emociono, le dio por la fotografía y su hijito de modelo.
Cuando entre al salón de la recepción sufrí una fuerte paralice emocional, mi corazón se lleno de palpitaciones, mis ojos de lagrimas, al frente mío bailando estaba Damaris…..cuando ella me vio, dejo de bailar, corrió a mi, me dio un beso en la mejilla, me agarro de la mano y me llevo a la mesa donde estaban sus padres.
A la señora la salude muy amablemente y me senté, al viejo no lo salude, le serví un vaso casi lleno de whisky, yo otro igual, le dije salud y lo tomé seco y volteado para luego decirle “soy el mariconcito de las flores” sigo enamorado de su hija y ella decidirá. Le di un beso en la mejilla a Damaris diciéndole “siempre te he amado y he esperado por años este día”. Me fui por donde vine, pero sin llanto ni enojo.
Cuatro días después del maravilloso encuentro, estaba yo en mi cocina tomando mi desayuno, suena el intercomunicador, mi madre quería que la acompañara no se adonde “sube…sube le dije, estoy tomando café”.
Al abrir la puerta del departamento no era mi madre quien estaba, era mi sueño, mi belleza, mi todo. Entre cortado la invite a pasar, me abrazo, me beso en la boca diciéndome “siempre te he amado y esperado”.
Nos sentamos en el sofá de la terraza, agarrados de la mano, pensando el día de nuestra boda.
Y qué…..siempre hay un amor.