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De tiburones ni los dientes nos quedan

Miren atentos esta imagen. Yo tiburón, ninguna de estas pescaditas se me escapaban, ahora es ley de la naturaleza “el que quiere no puede y el que no quiere si puede” todo esta trucado.
.- Bueno profesor, se acuerda usted que su abuelita decía “el pasto del otro lado de la cerca es más rico” ahora usted está igual que las vacas “si tuviera dientes les echo un mordisco”. Yo lo conozco desde hace mucho tiempo y estoy por creer que usted es más hablador que el rio Rímac.
Sino que me dice de la gordita que se cruza con usted en el periodiquero, ella siempre le hace quecos y usted nada. Se pone pálido, tartamudea, pero de “al ataque mis guerreros” nunca ni la intención le he visto.
.- Escucha mi desleal discípulo y aprende “todo tiene su tiempo y su momento”; “uno debe siempre navegar con bandera de tonto, lo cual no quiere decir que uno sea tonto”; “esa gordita ya tuvo su momento hace por lo menos quince años atrás y lo que quiere es volver a vivir la felicidad, pero no sabe que la intuición femenina es un cuento.
¿Sabe usted como se prepara un sanguche? Procura nunca estar al centro del sanguche, es preferible pasar por muñeco de torta, siempre estás presente y nadie trata de meterte el diente.
Aprende, joven descarriado, toda mujer es una belleza y se le conquista con paciencia y todo hombre es un troglodita que nos conquistan con cualquier cosa.
Conclusión: mira de frente al pescado y como tiburón échate a la mar.
Y qué…la misma vaina
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