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Los machos también lloramos

Al salir de mi casa casi siempre me encuentro con “el colorau! un muchacho de diez o doce años, travieso y muy vivaracho, de ojos color café y pelo rojo. No es muy alto para su edad pero tiene una respuesta para todas la cosas que tu le digas, eso si, grosero pero con picardía, es como ponerle ajos a la ensalada sin malograrla, además de la cebolla y su picante.
Mi familia dice que soy un viejo pero que parezco un niño por la cantidad de tonterías que hago y no están muy lejos de la realidad. Con el Colorau más de una palomillada juntos hemos hechos, un día tocamos el timbre de todos los departamentos, avisamos que por encargo de la junta de vecinos, deberían juntar agua ya que tendríamos un corte de agua en la zona programado desde las diez de la mañana del martes hasta las cinco de la tarde del miércoles.
Luego nos sentamos en la escalera para escuchar el alboroto de las vecinas.
Otra maldad que hicimos juntos fue mandar a imprimir invitaciones para una fiesta en el departamento 501, la repartimos a todo el edificio y los del 501 no tenían ni la menor idea de la fiesta, llegado el día todos acudieron a la fiesta y no había tal fiesta. Reconozco que esa vez si nos excedimos un poco.
El Colorau, es como el hijo hombre que no tengo y podía animar mis años con alegría y palomilladas.
Pero no todo es color de rosas, encontré al Colorau llorando en la esquina del garaje, me acerqué a él, me senté a su lado no dije nada, ni pregunté nada. Solo me dediqué a escupir al suelo lo más lejos posible, pasó un largo rato hasta que él se decidió a escupir, entonces pregunté ¿qué pasa zambito?
Me contó el embrollo, mi papá Arturo no es mi verdadero papá, mi papá verdadero se llama Cesar pero nunca lo había visto ni sabia nada de él hasta hoy en la mañana.
Por coincidencia el apellido de mis dos papas es igual, por lo cual Arturo nunca me adoptó.
Mi abuelita Chenita acaba de fallecer en la provincia donde ella vive y resulta que soy el único heredero.
Entonces los pleitos en mi casa son tremendos entre mi mamá y mi papá recién aparecido, que yo no sabia que existía. Y todo por plata y tierras.
Escucharlo llorar contando la historia logró hacerme llorar a mi también, cuando el guardián pasó por allí y preguntó ¿Por qué lloran?
Le dije: Porque los machos también lloran, además, para hacer naranjada, tienes que hacer llorar a la naranja.
Y qué…la misma vaina

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