jt

Hombre Macho

¿Quién engríe a su mujer? El verdadero “hombre
macho” que se respeta.
Lo anteriormente afirmado es un axioma que
significa: proposición que se considera «evidente» y se acepta sin requerir
demostración previa.

Feliz y orgulloso  caminaba por las calles con mi
ramo de rosas, la gente me miraba y se sonreía. Feliz andaba. 
Al llegar a mi casa grité ¿mi vida dónde estás?.
Cuando ella apareció le entregué mi ramo de flores, aquel que me había acompañado en todo
el trayecto a casa.
¿Y qué me responderia?  
¿Flores?… ¿será porque tienes la conciencia sucia?…
¿qué habrás hecho?… ¿dónde habrás estado?…que me entere de algo y ya verás…
Esta reaccion es sin duda una muestra subliminal de amor femenino.
Al día siguiente del cuento del ramo de flores, me
levanté temprano  y le llevé el desayuno
a la cama.

Con todo cariño le había preparado su juguito,
tostadas con mantequilla y mermelada, café con leche y un geranio perfumado con
mi colonia. La respuesta a este gesto de amor profundo, de admiración eterna y casi…casi
de sumisión de hombre enamorado,  fue tan terrible como “ver a mi abuela calata
gorreando tranvía”.
Ya me imagino lo que estará pasando me dijo ¿qué tendrás
escondido? ya me decía mi madre, en ese hombre nunca confíes, algún día hará de
las suyas y tu terminarás sufriendo.
No quiero nada, no creas que con esto te
perdonaré. Llantos aderezaban esta reprimenda, gestos de agresividad, levantada
de pelos con la mano y palabras de grueso calibre que no puedo repetir,
acompañaba a todo este lamentable episodio.
No tuve más remedio que echarme a llorar. No era
el llanto de un cobarde, no era el llanto de un guerrero abatido…no…no.  Era el llanto de la tristeza, el llanto de un hombre inocente y
enamorado.
Llanto de un inocente sentenciado como culpable, sin haber sido juzgado y
para colmo sin haber cometido, ni pretendido cometer crimen alguno.
Busqué a un íntimo amigo y le conté mi historia.  Después de sufrir profundamente con mi cuento,
ya que él había pasado por la misma desgracia, me aconsejó:
1.- Nunca aceptes ser culpable de nada
2.- Repite siempre “me casé enamorado de mi mujer,
sigo enamorado de mi mujer, nunca le he sido infiel, nunca lo volvere a ser y desde ahora nunca más volveré
a mentir”
Y qué…la misma vaina

D

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *