Las mujeres son lo más lindo y difícil de la tierra, el cuento trata de una ama de casa, joven, trabajadora y llena de actividades que llegó a su habitación y empezó a calatearse, primero los aretes de brillante, que los mete dentro del cajón de la mesa de noche, luego los zapatos que los tira contra la puerta del closet, después el vestido encima de la cama y por último, la ropa interior que tira al suelo, para darse un buen y merecido duchazo.
Si el marido llega a esa hora a la habitación, piensa en otra cosa y no en que su mujer está muerta de calor y cansada. Todo es una vana ilusión, pero sigamos con el cuento.
La señora toda ella llena de perfume sale del baño, se echa a descansar en la cama, una cabeciadita y suena el celular,”amor, te recojo en media hora”.
Toma su poco más de tiempo para seguir en la cama y empieza ya no como la cebolla a sacar hojas, sino a la inversa, a ponerse cosas encima, ropa interior y una fajita para que le forme mejor la figura, una falda tubo con una veraniega camisa, la sandalias ideales para hacer juego con los artes, abre el cajón de su mesa de noche y encuentra SOLO UN ARETE DE BRILLANTE.
Gritos, saltos, jaladas de pelos, vueltas en círculo gritando me han robado, se acerca la empleada de la casa ¿señora, que pasa? Me han robado, dime ¿quién ha entrado en la casa? ¿ha venido el del gas? ¿el gasfitero? ¿los pintores? ¿la vecina? ¿alguna amiga de mis hijas? Hay Señor, me han robado, desgraciados….siguen groserías.
Llega el marido gritan ¡Amor, ya estas lista! Que crees le contestan, que soy la mujer maravilla, no ves que me han robado y todo por tu culpa. Y son mis aretes de brillante, no puede ser ¿quién ha entrada a mi cuarto?.
Tranquila china, dime que pasa (tremenda calma la del marido, admirable ya que él es el culpable) deje mis aretes de brillante (un suspiro con llanto) en el cajón de la mesa de noche y ahora falta uno.
El marido con mucho aplomo, le dice a María: trae al perro con su cadena, nos vamos a la veterinaria.
Al llegar le dice al veterinario, por favor le puede tomar una radiografía a mi perro, se ha perdido un arte de brillante de mi mujer y tal vez “Pachucho” se lo ha comido.
Al pasar al bendito Pachucho por la máquina de rayos X, todo el consultorio se ilumino, las auxiliares de la veterinaria corrían por los pasadizos gritando “El doctor es un santo, está iluminado, irradia luz azul”, los clientes se arrodillabas pidiendo perdón por su pecados, todo un caos y en medio de esta locura salió Pachucho con doble pañal, envuelto en una sábana, atendido como bebe recién nacido y el doctor diciendo “solo esperen a que cagué”
ay señor Tola me hace reir mucho