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Mi regreso

La gente está loca, yo me estoy volviendo loco, ¿tú como estás? recontra loco, me contestó el vecino del piso siete cero dos, llamado Igor, según me dijo.
Entramos juntos al ascensor, yo con mi maletín de viaje, el vecino del siete cero dos y la tentación hecha carne, la vecina del nueve cero uno. Me tomó más o menos treinta segundos para darme cuenta que entre ellos “algo se cocinaba o se había cocinado”.
La vecinita, de hermosos atributos y un diminuto pantaloncito, tenía que haber sido muy flaca cuando se lo puso, era imposible que se lo hubiera puesto recién ¡No había forma!
Igor, transpiraba, su respiración se agitaba. Yo pensé que le daría un ataque al corazón. El hombre se deterioraba a cada momento y con mayor rapidez cuando la belleza le coqueteaba y lo atormentaba.
“Qué mujer para mala” pensaba yo. Lo tiene comiendo de su mano y quiere cortarle el cuello. Al menos esa era la impresión que yo tenía.
Fue larguísimo el trayecto desde el primer piso hasta el noveno. Fue atroz el sufrimiento de Igor y fue un escandalo el flirteo de la vecinita. Nunca había visto sufrir a un hombre de esa manera y a una mujer ser tan perversa con su pescadito.
Antes de bajar del ascensor en el noveno piso, la vecinita, detuvo la puerta con una mano, adquirió una postura provocativa para luego estamparle un beso a Igor diciéndole “adiós…motivo de mi vida, tú decides”.
Al cerrarse la puerta del ascensor, mi nuevo amigo Igor, gritó de tal forma que la alarma contra incendio se activó, bañándonos en agua, para además provocar toda una conmoción en el edificio.
La gente salía de sus casas, los perros ladraban, los gatos gruñían, las jovencitas querían consolar a Igor, quien lloraba como niño recién nacido.
¿Qué pasa Igor? pregunté
“Esa mujer me esta volviendo loco” me dijo “hemos salido cerca de seis meses y ahora solo quiere matrimonio, si no, nada”.
Cuando la vecina es guapa, algunas hormonas se alborotan.
Y qué…la misma vaina

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