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Nueva profesión

Empezamos el año y me cambiaron la profesión a la fuerza, pareciera que las fiestas continúan, ya que en el café estaba solo y parecía que tomaría mi cortadito sin compañía alguna.
En los momentos en que me disponía a irme, se me acercó una señora joven, me saludó muy cariñosamente y tomó asiento en mi mesa. No tenía idea quien era, la miré bien y la remiré, pero nada, no tenía idea quien era. Soy su vecina del tercer piso, se acuerda usted de mí, si, pero luce diferente le dije, nuevo peinado y diferente ropa.
Si, si pero necesito hablar con usted, necesito de su consejo, ay….mi madre me cambiaron de profesión, ahora soy consejero matrimonial. Dígame usted, la escucho.
¿Se acuerda de mi marido?… La verdad no, ¿como es él? le pregunté: alto, fornido de pelo negro medio largo, ojos verdes y siempre se viste con corbata, me contestó.
Dígame señora, sus amigas como lo califican en una escala del uno al diez, pensó un momento y me dice, la mayoría lo califican entre ocho y nueve.
Yo me fijé bien en la señora y simplemente le dije, amor es compartir y yo creo que su marido es un amor compartido con otras varias amigas. Rompió en llanto, diciendo, ese es el problema, ¿qué hago? Ayúdeme!
Qué consejo le puedo dar, si yo no tengo la más remota idea de consejos maritales, ¿qué le digo? Solo se me ocurrió decirle, señora, su marido es como un incendio, siempre está en llama, tiene usted que ser como el agua.
Gracias, señor fue un placer hablar con usted, saludos por su casa. Y se fue.
Y qué…misma vaina
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