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Mí regalo

El día de Navidad es único, la ciudad no tiene casi nada de tráfico, los supermercados están cerrados, no existen aglomeraciones, en pocas palabras es el día ideal para salir a caminar un poco por las calles de mi distrito.
Salí a caminar vestido con total comodidad, mi sombrero para protegerme del UVE, estamos con un promedio de 13 a 14 y el máximo permitido es 8, por lo cual también salí con lentes y mucha alegría encima.
Al pasar delante de una casa veo un tablero relativamente grande y encima un aparato raro de color rojo con base blanca, a un costado del tablero  un señor de mi edad más o menos, con una taza de café en la mano y mirando esta rareza.
Me acerqué, saludé con mucha cortesía y una sonrisa, de esta forma siempre eres bien recibido. Le pregunté ¿qué es? Me contestó una “Silocopia Pro4”, cual sería mi cara de sorpresa que me dijo “Es mí regalo de Navidad” sé cómo se llama por la etiqueta, pero no sé qué cosa es. Te ayudo a descifrarlo, encantado me contestó, te invito un café, me dio un banquito y me senté a observar el regalo.
El cuento largo aburre y el corto deja sabor a incompleto, les diré que del café pasamos a unos piscos, luego a unos sanguches, se nos unió uno de sus hijos de veintitrés años, con otros tres amigos, el perro de la casa y el perro del vecino.
A las siete de la noche alumbrados con linternas seguíamos sin saber para que servía “El regalo”, pero estábamos en un jolgorio de la patada, tuve que llamar a mi mujer para que me ayudara a regresar a la casa, resulto que la esposa del dueño del regalo, era compañera de colegio de mi mujer, a las once de las noche, decidimos regresar a la casa.

Del “Silocopia Pro4”, no se volvio a hablar, paso a la historia al igual que muchos otros regalos.

Hoy día en la mañana he decidido no volver a saludar a nadie con objetos extraños en la calle.
Y qué…..la misma vaina

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