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Una conversación

Cuando de verdad se trata, la conversación es más difícil.
Alejandro sostenía que uno debe ser coherente entre sus ideas y su forma de actuar, que no es posible sostener el crecimiento de una empresa con engaños a sus consumidores, costumbre de algunas empresas que solo tienen como fin, ganar dinero, que no es posible que un congresista enarbole la bandera de la anticorrupción y sea más corrupto que la p—- madre o que una persona navegue con bandera de honrado y sea un malandrín.
Decía que el principio de una persona debe ser la libertad, pero no la libertad social que los lleva al libertinaje, sino la libertad como ser humano, es decir, no ser envidioso, esta condición evitaría el consumismo, no ser rencoroso, evitaríamos la violencia.
Alejandro sostenía que los valores heredados eran necesarios para una verdadera libertad.
No pudimos discutir con él, ya que tenía razón, pero si pudimos poner ejemplos y no solo de congresistas, sino de políticos, de policías de la calle, de jueces, de directores de colegios y conforme íbamos hablando el panorama se ponía oscuro, la gente se alteraba, algunos se fueron de manos, otros se fueron de patadas en ataques y defensas. Me puse de pie mire bien el horizonte y tomé la decisión de que lo mejor era salir corriendo de allí.
En la esquina me encontré con una amiga y me preguntó ¿de quién te corres? De mi suegra……esta rabiosa.
Y qué….la misma vaina

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