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Nuevo punto de reunión

Existe un principio que dice “nada cambia solo se transforma”. 

El punto de reunión era la sala ahora se transformado en la cocina.

Llegué a la casa de una prima y en la cocina estaba mi sobrino que estudia para chef, quien era el cocinero del día.  En la cocina también estaba la abuela, la mamá, el papá, los dos hermanos, la enamorada del futuro chef, la esposa y un hijo de uno de los hermanos, la hermana con su novio, el compañero de estudio de mi sobrino, es decir, otro futuro chef (si como bien, llegué en buen momento) y así seguía llegando «gente al baile», eramos como quince personas en el mismo lugar. A decir verdad no sé de qué hablábamos, pero eso sí, todos nos reíamos.
Es allí donde más nos divertimos.  Claro, siempre tiene que haber alguien que cocine. Los demás haciamos barra, tomabamos unos traguitos, comíamos unos piqueos y reinaba mucha alegría y conversación.
Cualquier tontería era motivo de una chacota.  Cuando pasamos a la mesa a servimos, como éramos tantos estabamos por todos lados de la casa.  Algunos de pie, otros en la mesa y los mayores en la sala…  y llegó el momento del gran menú.
Entrada: ensalada de palta con choclo y mayonesa
Segundo: Arroz blanco con huevo frito, plátano frito, papas fritas acompañados de una hermosa milanesa de carne.
Postre: Helados bañados en chocolate
Bebida: Chicha morada
Ya se imaginan ustedes la burla hacia estos dos chefs.  Todos esperábamos comida exótica, pero con sinceridad el menú estuvo exquisito y la compañía de primera.
Un aplauso para el nuevo punto de reunión.
Y qué……la misma vaina

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