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El Bautizo

Un muy buen amigo va a festejar el Bautizo de su primera nieta, nos invitaron a la fiesta con tarjeta y confirmación de asistencia.
Mi mujer me pregunta “vamos al bautizo de la nieta de José Manuel” por supuesto, que día es, le pregunté, el sábado a las diez de mañana en “Negreiros”, queeeeeeeeeeeeeee, está loco, eso queda a 420 kilómetros de Lima. Por eso pide confirmación y la invitación es para toda la familia.
El jueves en la tarde nos reunimos en familia para decidir «si ibamos al bautizo o no», decidido, todos de acuerdo. El sábado salimos a las cinco de la madrugada, nos vamos en dos autos para mayor seguridad.
Esa misma noche le confirmamos a José Manuel que iríamos todos, el viernes las mujeres prepararían todo lo que ropa significa y algo de comer, para las cinco y medias horas de viaje y los hombres se encargarían de preparar los autos.
El viernes, llamé a Maricarmen, le dije, tu marido está loco, tenemos que ir hasta “Negreiros”, hay mi querido amigo exclamó, José Manuel nos tiene a todos completamente locos, esta semana ha ido tres veces a la hacienda para hacer los arreglos, el otro que está loco es el padrino, creo que entre los dos van a poner de cabeza a los peones. Avísale a tu mujer que se van a tener que quedarse a dormir… luego de un largo silencio, me despedí.
Ahora, que le digo a mi familia, ya habíamos planeado salir de regreso a las seis de la tarde para llegar a media noche a Lima y descansar el domingo. No dije nada, mejor un grito que un pleito, pensé.
Gracias a Dios, el viaje de primera, todo salió bien, llegamos a las diez de la mañana al desvio de la carretera para el ingreso a Negreiros, luego media hora para adentro.
El camino de ingreso a la hacienda, estaba adornado con carteles, llenos de figuras y dichos como “Bienvenido al Bautizo”, “La mujer que no fastidia es hombre”, “Cuiden a sus hijas, que mi potro esta suelto”, “No se aceptan suegras, solo mamacitas”.
Llegamos al portón de entrada, donde una orquesta pueblerina tocaba algo que parecía música, pero muy alegre y festivo. Al estacionar y bajar de los autos, grandes saludos, abrazos y un trago para quitar el polvo del camino, luego otro trago para el saludo. Como si fuera fruto prohibido, la mirada de mi mujer me perforó el cráneo, el movimiento que hizo con su cabeza, me parecío el movimiento que hacia el verdugo frente al ahorcado. Decidí no volver a mirarla.
Los invitados según José Manuel éramos solamente los íntimos, qué tal suerte, ya que yo conté como setenta personas, habían matado un ternero, dos cerdos, veinte pollos, diez conejos acompañados de arroz, papas, camotes, yucas, choclos, frejoles, salsa de cebolla y no se cuanta cosa más, sin dejar de lado los dulces y tortas. Todo estaba servido poco a poco y mucho líquido para poder ayudar a pasar la grasa.
Llegó el cura, la tranquilidad del bautizo solo fue rota por el llanto de la nieta, al terminar la ceremonia, se terminó mi tranquilidad, a la jefa de la familia le susurré al oído “mi amor……nos quedamos a dormir”, salí corriendo, no podía esperar que su corazón se ablande tan fácilmente, yo sabía que la alegría se convertiría en llanto.
Recurrí a la valentía propia de un marido al cual quieren matar, me refugié  entre los amigos, me arrimé un par de tragos  a la espera de la estocada final.
Regresamos el domingo después del almuerzo, todos juntos a la casa, felizmente sin pleito, sin resentimientos, con seis kilos demás cada uno y un fuerte dolor de cabeza que obligó a mi mujer tener que manejar el auto.
Y qué…..la misma vaina
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